Ya no eres eso que los demás esperan de ti

«Hagamos un experimento virtual. Supongamos que no crees en Dios y se abre el techo de tu casa y dos bellos ángeles alados te llevan a dar una vuelta sobre la ciudad y luego te depositan amablemente otra vez donde estabas. ¿Esa experiencia no te llevaría al menos a dudar un poco de tu ateísmo? Entonces podrías pensar: “Son extraterrestres”, y en ese preciso instante, se abre nuevamente el techo y aparecen los dos ángeles y te murmuran al oído: “No, no somos extraterrestres, somos ángeles y Dios en persona nos mandó a darte un saludo”. ¿Cambiarías de opinión? ¿No estarías, al menos, dispuesto a revisar tus creencias? Las experiencias límites sacuden nuestros paradigmas, los ponen patas para arriba, y aunque hacemos todo lo posible para mantener a raya los cambios en nuestro sistema de procesamiento de la información, si el impacto es muy fuerte, ocurre una reestructuración cognitiva y las ideas se revuelcan».

Fragmento de “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” de Walter Riso

Cambiar de parecer es natural, y puede hacerte feliz. Encacillarte en una creencia que ya no te representa porque es lo que los demás “esperan de ti”, es atarte, ponerte un ancla emocional.