Víctimas de la comparación

«Estamos programados, entrenados y educados para compararnos: quién es más inteligente, más alto, menos lindo que uno, y así. Nos “medimos” y tanteamos con los demás, para luego contrastar los datos y ver qué tal nos va. Pero lo que verdaderamente nos importa es compararnos psicológicamente para establecer quién es “mejor”, quién es “más”. Somos víctimas de una educación orientada a la “grandeza”, que nos espolea para que busquemos a alguien superior para identificarnos con él. 

El mandato irracional perfeccionista nos dice: “Compárate con los ‘fuera de serie’ y trata de imitarlos”. 

Esta consigna divide, genera conflicto, frustración, envidia, ira o falso consuelo (si logras estar por encima). Compararse es competir, es poner la valía personal en los resultados y no en la satisfacción de ser como uno es. La necesidad de una “elevación neurótica” para alcanzar o estar por encima de tus contendientes, hará que entregues tu personalidad al mejor o peor postor. No recordarás cómo eras ni lo que querías».

Fragmento de “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” de Walter Riso

Comprometer tu estabilidad emocional y tu tranquilidad por un deseo insano de superioridad, solo te hará infeliz. La competencia sana, para crecimiento personal, nunca deberá cambiar tu personalidad ni quién eres.