Un sencillo método para aprender a reconocer nuestros propios éxitos

Redacción Editorial Phrònesis


Cuando estamos ante situaciones de éxito o fracaso, los humanos hacemos interpretaciones sobre las causas y el  porqué se dio el hecho en cuestión. Tratamos de entender lo ocurrido buscando explicaciones causales de “cómo”, “dónde”, “cuándo” y “por qué” nos ocurren las cosas. Pues bien, esta capacidad de explicarse los hechos puede convertirse en un arma de doble filo que, mal utilizada, afecta negativamente nuestra autoeficacia.

Walter Riso muestra en el siguiente fragmento de la “Guía práctica para mejorar la autoestima” un par de ejemplos que ilustran claramente este punto:

Guía práctica para mejorar la autoestima – Walter Riso

Analiza los siguientes casos hipotéticos:
  • El adolescente uno, dice: “Realmente había estudiado mucho. Si estudio así durante todo el tiempo, me irá bien en los otros exámenes y probablemente en la universidad”. 
  • El adolescente dos, dice: “El examen estaba demasiado fácil, no creo que sean así los otros exámenes. Siempre son más difíciles”. 

El adolescente uno, se atribuyó el éxito a sí mismo, a su esfuerzo y perseverancia en el estudio e interpretó, además, que el éxito se reflejará en otras materias y será duradero en el tiempo. 

Conclusión: el éxito dependió de él. El adolescente dos, atribuyó su éxito a factores externos (la facilidad del examen) y pensó que, en el futuro, los exámenes no serán tan fáciles o no tendrá tanta suerte. 

Conclusión: el éxito no dependió de él, sino de la escasa dificultad del examen. El primer adolescente se motivó a seguir adelante y a confiar en sí mismo, mientras que el segundo no confió en sus capacidades. El primero fortificó su autoeficacia. El segundo le dio un duro golpe a su autoestima.

En situaciones de fracaso podría ocurrirte algo similar. Si dices: “El fracaso dependió de mí, será igual siempre y en toda situación”, te sentirás luego incapaz de enfrentar la vida. Habrás hecho de tu futuro una oscura profecía. 

Pero si en cambio te dices: “El fracaso dependió de mí sólo en parteno tiene por qué ser siempre así”, te sentirás capaz de intentarlo de nuevo. Harás de tu futuro una profecía de esperanza. Amarte a ti mismo es reconocer tus éxitos y no castigarte ni despreciarte por tus fracasos, sino tomarlos con beneficio de inventario para tratar de no recaer en ellos y aprender. 

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