¡Tranquilízate! no empujes las manecillas del reloj

Redacción Editorial Phrònesis

Algunas personas viven con los dos pies en el acelerador. Apresuran ejecuciones y fechas, y siempre están adelantados “por si acaso”. Comen rápido, corren en vez de caminar, son impetuosos en su manera de hablar y hacen el amor a la carrera. Su vida es a doscientas mil revoluciones por minuto y por eso queman el motor con frecuencia. 

Walter Riso nos cuenta su experiencia con la esposa de un hombre hiperacelerado en la Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones”, quien decía:

“Estoy agotada. Seguirle el ritmo es algo imposible. Ve televisión, escucha radio, escribe en el computador, habla por teléfono y soluciona problemas de la oficina, ¡todo al mismo tiempo! No descansa nunca y pretende que yo sea igual. Deberían inventar una especie de congelador para maridos hiperactivos. Yo lo metería de vez en cuando…  así sea para poder dormir tranquila un rato”.

¿Cuál es la solución?

Definitivamente, la paciencia. Aunque no es nada fácil de lograr, porque implica desprenderse de las expectativas y resignarse a que las cosas sigan su curso. Es decir, sentarse en la cresta de la ola, dejar que ella te lleve y aceptar lo peor que pueda ocurrir. 

Más específicamente, si tienes una cita importante y de pronto te encuentras en la mitad de un trancón, puedes insultar al ministro del transporte, patear el automóvil, maldecir el día de tu nacimiento, pelear con una señora que mira absorta desde el coche vecino, pegarte a la bocina como un desaforado o, por el contrario, recostarte, colocar tu música favorita, sacar los pies por la ventanilla y entregarte a la modorra con beneficio de inventario. 

La primera estrategia segrega adrenalina y cortisona en cantidades industriales, además de hacerte ver como un idiota; la segunda te regala años de vida y, de paso, le agrega un toque de distinción a tu personalidad, que nunca sobra. 

A veces debes hacer una pausa y, simplemente, disfrutar de un momento de tranquilidad. Las obligaciones siempre pueden esperar, en cambio el tiempo pasa y no regresa. Disfrútalo sin presiones y deja que el futuro llegue a su propio ritmo, no apresures su visita.

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