Todo apego esconde un niño que hace pataleta

Redacción Editorial Phrònesis

El grado de madurez emocional puede determinar qué tan dispuesto estás a dejar ir a un amor que no te hace bien, en otras palabras, aprender a valorar tu esencia y respetarla antes que darlo todo por alguien más; uno de los principios más defendidos por Walter Riso: aprender a amarte a ti mismo para saber amar a los demás.  

En este orden de ideas, tu madurez emocional será definitiva al momento de llevar una relación de pareja, pues marcará el éxito o fracaso de la misma y el umbral de dolor que tus emociones soportan.

¿Cómo saber, entonces, si eres emocionalmente inmaduro? Las investigaciones al respecto han coincidido en ciertos puntos. Ahora te los traemos para que trates de ubicarte en un perfil según el cual podrás sacar tus propias conclusiones.

Si te identificas al menos con tres de los siguientes aspectos, tus emociones no han superado su pubertad y sufres de infantilismo cognitivo:

  • Bajos umbrales para el dolor. No soportarás la incomodidad, provenga de donde provenga. El menor sufrimiento será una pesadilla y harás cualquier cosa para  evitar el dolor físico o psicológico. 
  • Búsqueda exagerada de sensaciones. Tu actitud será la de un devorador de emociones. Nada te será suficiente y te comportarás como un adicto a la novedad y a la estimulación.
  • Baja tolerancia a la frustraciónSi las cosas no son como te gustaría que fueran, te dará ira y harás pataletas, sofisticadas o disimuladas, pero pataletas al fin.
  • Afrontamiento dirigido a las emociones. Cuando tengas un problema, te preocuparás más en aliviar el malestar que sientes, que en resolver la cuestión en sí (lo que perpetuará los problemas porque quedarán inconclusos y sin solucionar). 
  • Poca introspección. Tendrás dificultades para observarte a ti mismo, lo cual hará que poseas un autoconocimiento pobre. 
  • Ilusión de permanencia. Mantendrás y defenderás la creencia irracional de que el mundo es estático y poco cambiante. Tu mente no estará preparada para la pérdida.
  • Elevada impulsividad. Tu autocontrol será deficiente y los estímulos tendrán un gran poder sobe tu conducta. Te faltará actitud reflexiva. Es probable que actúes y luego pienses.

¿Cómo te fue? ¿Piensas, ahora, que puedes alardear con orgullo de una madurez emocional consagrada o, por el contrario, estás a punto de romper en llanto como un bebé? 

Recuerda que madurar implica ser capaz de “ver lo que es” de manera realista y quitarse el velo del autoengaño sin anestesia. El príncipe Siddhartha, al descubrir que existía la vejez, la muerte y la enfermedad, abrió abruptamente los ojos a una cruda realidad. Maduró emocionalmente por la fuerza y gracias al realismo más descarnado. Su padre y el séquito que lo rodeaba le habían hecho creer que todo era hermoso, cómodo y eterno para mantenerle a “salvo” del sufrimiento natural que acompaña la experiencia de vivir. Posteriormente, la dolorosa verdad lo convirtió en Buda.

Walter Riso ha logrado consolidar en su “Guía práctica para vencer la dependencia emocional”, una serie de herramientas y técnicas que te ayudarán, no solo a identificar qué tan maduro eres emocionalmente, sino a conseguir la fortaleza interior que te permitirá gozar del amor saludablemente y con asertividad, superando el daño que podría causar una relación tóxica sin perder la fe en el amor. Conócela detalladamente a continuación.