¿Te dicen que debes tener una ‘mente de acero’? No hagas caso

Redacción Editorial Phrònesis

Una vida emocional saludable no solo debe reflejarse en nuestras relaciones de pareja, también debe revelar cómo nos relacionamos con el resto del mundo, con la creación misma. Este artículo se a  extraído de uno de los documentos de Walter Riso , el cual cuenta con una serie de reflexiones que nos ayudan a reforzar nuestros pensamientos positivos y a mejorar los que nos hacen daño para lograr tener una vida cercana a la felicidad, si es que esta existe.

Mentes de acero vs. mentes de arcilla

Las mentes de acero son inmóviles, monolíticas, duras como las piedras e impenetrables, porque con el paso de los años la experiencia y el conocimiento se han solidificado de manera sustancial e irrevocable. Su estrategia de supervivencia es la auto indulgencia: no se permiten dudar de sí mismas, aborrecen la crítica y la auto crítico.

Por su parte, las mentes flexibles se parecen más a la arcilla. Poseen un material básico a partir del cual obtienen distintas formas: no son insustanciales (como podría serlo una mente líquida: sin principios ni convicciones); pero tampoco está definida de una vez por todas como las mentes pétreas. Las mentes flexibles pueden avanzar o retroceder, modificarse, reinventarse, crecer, actualizarse, revisarse, dudar y escudriñar en ellas mismas sin sufrir trauma alguno.  

Las mentes flexibles asimilan las contradicciones e intentan resolverlas; no se aferran al pasado ni lo niegan, más bien lo asumen de una manera constructiva sin perder la capacidad crítica. Las mentes abiertas muestran una fortaleza similar a la que el taoísmo le atribuye al bambú, de quien se dice que es elegante, erguido y fuerte, hueco por dentro, receptivo y humilde, se inclina con el viento, pero no se quiebra. Para los seguidores de Lao Tse la suavidad y la flexibilidad están íntimamente relacionadas con la vida, mientras la dureza y la rigidez están asociadas a la muerte.

La estructura interna de las mentes estrechas, de acuerdo con las investigaciones, es una maraña de esquemas negativos entrelazados que son un peligro para la salud mental, tanto para quien la padece como para la sociedad.

Sus contenidos más determinantes son:

  • Dogmatismo: creerse el dueño de la verdad.
  • Simplicidad cognitiva: incapacidad de integrar información divergente y variada.
  • Solemnidad/amargura: fobia al buen humor y la risa, porque los consideran “frívolas”.
  • Normatividad: resignación y conformismo, apego a las reglas y un rechazo furibundo al pensamiento rebelde e inconformista.
  • Prejuicio: odiar, segregar y/o agredir a determinadas personas por sus rasgos o creencias.
  • Autoritarismo: abuso del poder y una actitud anti democrática.

¿Cómo sobrevivir a estos personajes? ¿Cómo hacer que nuestros niños no se eduquen con una mentalidad fundamentalista (ej. ‘mis ideas no son discutibles’) y oscurantista? (miedo a la cultura/información). El mejor camino es promocionar y fomentar los componentes psicológicos opuestos a la rigidez:

  • Análisis crítico: disposición a revisar las propias creencias y confrontarlas con la realidad y/o la lógica.
  • Complejidad cognitiva: ser capaz de utilizar toda la información relevante para comprender los hechos.
  • Humor/lúdica: Aprender a no tomarse muy en serio a sí mismo.
  • Inconformismo: ejercer el derecho a la desobediencia razonada y razonable.
  • Imparcialidad: no discriminar a las personas)
  • Pluralismo: aceptar las diferencias civilizadas y convivir con ellas sin reprimirlas ni ofenderse.

El paso de la rigidez a la flexibilidad es un síntoma de madurez y crecimiento personal. Es pasar de una mente primitiva, a una evolucionada, de un sistema de acción limitado a un funcionamiento óptimo, de una mentalidad estancada a una fluida. Pura evolución. Hubo un momento (posiblemente a partir de una fuerte expansión cerebral que ocurrió hace 500.000 años) en el cual la mente comenzó su apertura. La inteligencia social se unió al de inteligencia natural hace aproximadamente 100.000 años y, luego, se sumó a ellas la inteligencia técnica (posiblemente hace 60.000 años). A partir de allí y gracias al lenguaje, la historia de la humanidad puede verse como un fenómeno expansivo y progresivo de sus capacidades intelectuales. Desde esta perspectiva evolucionista, la rigidez puede ser considerada como un freno de emergencia, un proceso de estancamiento, conceptualmente regresivo y retardatario.

Autoestima, autenticidad, madurez, respeto, simplicidad, humildad, plenitud. La conjugación precisa de todas estas virtudes es lo que nos permite obtener una vida sana en todos sus aspectos. ¿Quieres alcanzar el desarrollo de cada una de estas virtudes? Entonces recomendamos  la lectura de las ‘Guías Prácticas’ de Walter Riso, en las cuales aporto toda mi experiencia profesional en un sinnúmero de ideas, casos de estudio, procedimientos puntuales y recomendaciones que permitan responder adecuadamente a diversos hechos que afrontamos a en nuestra vida diaria. Son herramientas que, sobre la base de la autoestima, te servirán para llevar una vida emocional saludable, para hacer de la vida una experiencia plena y gratificante.