Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente

Redacción Editorial Phrònesis

Amar es vivir más y mejor, el amor no es enfermizo ni retorcido. En el amor sano, no cabe la resignación ni el martirio y si tienes que anularte o destruirte para que tu pareja sea feliz, estás con la persona equivocada.


Cuando en verdad ya no te quieren, independientemente de las razones y causas posibles, hay que deponer el espíritu guerrero y no dar una batalla inútil y desgarradora. Luchar por un amor imposible, nuevo o viejo, deja muchas secuelas. Mejor sufrir la pérdida de una vez que someterse a una incertidumbre sostenida y cruel; mejor un realismo desconsolador que la fe del carbonero, que nunca mueve montañas.

Estas propuestas te ayudarán a no morir de amor, cuando ya no te quieren: 

Aprender a perder, aunque duela.

Aprender a perder es la capacidad que tiene una persona para discernir qué depende de uno y qué no, cuándo insistir y cuándo dejarse llevar por los hechos. No tiene mucho sentido “convencer” a alguien de que te quiera (el amor no sigue ese camino), pero sí puedes despejar tu mente para dejar entrar a una persona que se sienta feliz de amarte. 

‘Si alguien no me quiere, no sabe de lo que se pierde’.

Cada gota de energía y sudor que inviertes en lamentarte por lo que podría haber sido y no fue mejor empléala en sanar tu alma. Los que se quieren a sí mismos emplean esta frase afirmativa y orgullosa.

En los amores imposibles, la esperanza es lo primero que hay que perder.

No hay futuro. Realismo crudo: el aquí y el ahora desnudo y sin analgésicos. Te han enseñado que la esperanza es lo último que debes perder, y posiblemente sea cierto en algunas circunstancias límite, pero en el amor imposible o en el desamor declarado y demostrado, la desesperanza es un bálsamo. Si ya no te aman, no esperes nada,  no anticipes positivamente: un pesimista inteligente es mejor que un optimista mal informado.

El sesgo confirmatorio: “Aún me quiere”.

La esperanza irracional e injustificada hace que la mente distorsione la información y empecemos a ver lo que queremos ver y a sentir lo que queremos sentir: una mirada, una sonrisa, una mueca, un gesto, una llamada; todo es interpretado como un renacimiento del viejo amor.

¿Para qué humillarte?

La humillación en cualquiera de sus formas, suplicar, jurar, “agachar la cabeza”, esclavizarse o halagar excesivamente al otro, tiene un efecto bumerán. Malas noticias para los que se adhieren a un amor sin límites: la sumisión, con el tiempo, produce fastidio. Si quedaba algo de afecto, se pierde; si había algo de respeto, se acaba.

Los principios no se negocian.

¡Métete esto en la cabeza y en el corazón! Si quieres sufrir, llorar y acabar con todas las lágrimas, gemir en voz alta, arrastrarte por el cuarto cuando estás sola o solo, si quieres hacer esto y mucho más, pues hazlo, pero no entregues tu soberanía, no aplastes tu ser. Sufre cuanto quieras, pero no lastimes tu amor propio.

Rodéate de gente que te ame.

Los que te quieren de verdad toman partido y te defienden, intentan sacarte a flote, no importa si tienes razón o no, se preocupan por ti y punto.

Aléjate de todo aquello que te recuerde a tu ex.

No necesitas visitar a solas los lugares contaminados de recuerdos afectivos. ¿Para qué ocupar “el breve espacio en que no estás” y pegarte a la música, a los olores, a los regalos? En ocasiones, meterse de lleno en el recuerdo y sufrir hasta donde el organismo sea capaz cumple una función terapéutica, pero es mejor que estas “inundaciones” sean dirigidas por un  Profesional especializado en el tema.

Aplica la técnica del ¡basta!

Cada vez que te llegue un pensamiento referido a él o ella, una imagen o un recuerdo, golpea las manos y di en voz alta: ¡basta! o stop! Es un “alto ahí” que desorganiza el pensamiento por unos instantes y te da un respiro. Luego de intentarlo algunas veces, ya no necesitarás decirlo en voz alta; simplemente el ¡basta! será parte de tu lenguaje interno. No es la gran solución, pero ayuda y te alivia.”

Recuerda tanto lo bueno como lo malo.

Evita los sesgos que te impidan ver las cosas como realmente son!  ¡Equilibra! Sin necesidad de caer en el aborrecimiento visceral, balancea la información: no olvides lo negativo, no santifiques a quien ya no te ama. No endulces lo desagradable, no disculpes lo que merece rechazo. Si empiezas solo a magnificar y exagerar los atributos positivos de él o ella, será más lento y difícil elaborar el duelo. Separarse de un ángel es mucho más complicado que hacerlo de un ser humano.
Si quieres conocer más de estas propuestas, te invitamos a leer la ‘Guía práctica para no sufrir de amor’, donde podrás crear un espacio de reflexión para desarrollar estrategias y esquemas afectivos y cognitivos resistentes al “mal de amor”.