Si tu pareja te dejó, podrías entregarte a la pena y el dolor o…

Redacción Editorial Phrònesis

Pues sí: llegó ese momento tan indeseable pero, en cierta manera, esperado. Tu pareja decidió alejarse de ti, abandonarte, irse y continuar su camino solo (o con alguien más -ni idea-) y tu cabeza comienza a llenarse de preguntas que, en la mayoría de los casos, son fruto de la desesperación. Sin embargo, hay una duda que es apenas lógico formularse: «¿Qué pasará con mi vida ahora que él o ella no está a mi lado?».

Puedes librar la pelea más épica de tu vida por continuar; a regañadientes, a las malas, con las uñas, como quieras, pero no hay otra opción. Puedes sentarte a llorar tu mala suerte, a lamentarte de la injusta soledad y autocompadecerte. O, por el contrario, puedes levantar la cabeza y aplicar una dosis de racionalidad a tu desajustado corazón. 

Si te dejó, si se fue como un soplo, si no le importaste, si te hizo a un lado con tanta facilidad, si no valoró lo que le diste, si apenas le dolió tu dolor, si decidió estar sin tu presencia, ¿no será (a modo de hipótesis), que no te merece? O si te abandonó porque ya no te ama, porque se le agotaron los besos, y hasta la más simple de las caricias se le convirtió en tortura, ¿no será, y lo digo solo como hipótesis, que ya no te ama?

¿Y no será que si fue cruel o se le terminó el amor, ya no tiene sentido insistir en resolver lo que ya está resuelto? ¿No será que hay que quemar las naves, cerrar el capítulo y dirigir la atención a otra parte?

No se trata de no sufrir, sino de darle al sufrimiento un giro y elaborar el duelo (procesar la pérdida). No preocuparse por lo que podría haber sido y no fue, sino por lo que es.

Walter Riso asegura en su «Guía práctica para no sufrir de amor» que «Lo curioso del despecho es que los que han sido abandonados casi siempre terminan por autocastigarse:  

«Si la persona que amo no me quiere, es porque no merezco el amor» o «Si la persona que dice amarme me deja, definitivamente no soy querible». 

La consecuencia de esta manera de pensar es nefasta. El comportamiento se acopla a la distorsión y el sujeto intenta confirmar, mediante distintas sanciones, que no merece el amor.

Me pregunto, ¿no será que de pronto no eres tan culpable como crees? ¿De qué te sirve flagelarte? Ahora que te dejó, hay que comenzar a vivir de otra manera y retomar lo bueno que tenías olvidado. Todos somos capaces de recuperarnos del fracaso afectivo. Al principio duele hasta el alma, pero al cabo de un tiempo, si eliminamos el autocastigo, la mente empieza reponerse.

Piensa en los o las ex que has tenido en tu vida y cómo ahora su recuerdo no te produce ni el más mínimo escosor. Es muy probable que dentro de un tiempo, esta última decepción, la que ahora estás padeciendo, quede reducida a un recuerdo insípido y descolorido. Pero mientras tanto debes sobrevivir. Evitar caer en las formas de autocastigo. Rodearte de amigos y amigas de verdad, porque la amistad cura. También puedes acceder a la vida espiritual que tenías abandonada, y no me refiero a encerrarte en un templo, sino a revisar tu sentido de vida. Las crisis activan la autobservación y nos obligan a mirarnos desde una óptica nueva.

Aventúrate hasta el fondo de este tema leyendo la «Guía práctica para no sufrir de amor» de Walter Riso. Encontrarás una gran variedad de herramientas que te permitirán ver el panorama con total claridad luego de una ruptura amorosa. Conócela a continuación: