Sana tu dolor y conviértelo en combustible

Algo duele y, cuando eso sucede, nos indica que las cosas no van tan bien como pensábamos o esperábamos y puede terminar convirtiéndose en algo nada conveniente para nuestro presente. 

El sentir dolor, de alguna manera, nos motiva a salir de ahí, a resolver cualquier problema que en primera instancia ha causado esa aflicción; es normal, el sufrimiento hace parte de nuestro instinto de supervivencia. 

De esa misma forma, entendemos que no todo lo que nos da placer causa felicidad, en ocasiones, eso se transforma en en el comienzo del dolor.  Ir detrás de la recompensa, sin mayor discernimiento, es una forma de asegurar la continuidad del sufrimiento.

Es aquí, el punto exacto en el que nos damos cuenta que lo que hace crecer al ser humano es enfrentarse con sus aparentes limitaciones, y esto, requiere una disposición, sobre todo emocional, para soportar dolor y realizar cosas que nos parecen difíciles, incómodas y que no tenemos nada de ganas de hacer.

Estructurar y gestionar nuestras emociones, nos hará movernos más allá de la propia resistencia y esos resultados se materializarán en crecimiento y potenciación de nuestras habilidades, en todos los sentidos.

Aunque en primera instancia, el dolor nos hace huir… a largo plazo nos transforma y si no hubiésemos pasado por ese amargo trago, no disfrutaríamos, ni agradeceríamos las cosas lindas de la vida.

Y, ¿cómo aprendemos a manejar el sufrimiento? ¿Cómo gestionamos las emociones que ello nos provoca? ¿Cómo transformamos lo negativo en constructivo?