¿Qué tiene que ver la sumisión con la indignación?

Redacción Editorial Phrònesis

Aprender a identificar los propios derechos es básico para reaccionar asertivamente. Si no eres capaz de determinar un umbral que los albergue, tu comportamiento será errático y sin dirección. 

Por ejemplo, si alguien considera que sus derechos son innumerables habrá muchas cosas que defender. Es el caso del agresivo, el quisquilloso, el obsesivo y algunos desórdenes de la personalidad. Si por el contrario, se piensa que todos los derechos son negociables el comportamiento asertivo ocurrirá muy esporádicamente o nunca. Es el caso de las personas sumisas con baja autoestima o de aquellos individuos que, por sus creencias religiosas o de otra índole, deciden entregarse a una “misión de vida” donde los otros son más importantes.

Según la “Guía práctica para no dejarse manipular y ser asertivo” de Walter Riso, la mayoría de las personas sumisas, cuando se les interroga por sus derechos, suelen manifestar tres tipos de creencias:

(a) Creen que no merecen tenerlos (“Soy poca cosa para exigir”). 

(b) Creen que no les corresponde a ellos (“No es correcto que yo me comporte asertivamente”).

(c) Simplemente no saben que los tienen (“Nunca había pensado en eso, no tengo idea de cuáles pueden ser mis derechos”). 


Veamos tres ejemplos:

  • Cuando le pregunté a una señora casada la razón por la cual su marido podía dormir la siesta y ella no, me contestó que eso era “lo normal” en su familia. Y cuando le pedí que me diera una explicación de por qué dormir la siesta era un privilegio exclusivo de su esposo, la confusión fue tal, que sólo se limitó a decir: “Es hombre”.
  • Un joven que pagaba una pensión barata mientras hacía su carrera de medicina, era incapaz de exigir calidad en la comida que le daban porque tenía la creencia de que en los lugares de poca categoría la comida necesariamente debía ser mala y que, por lo tanto, no era conducente hacer la exigencia de que mejorara.
  • Una anciana que era literalmente agredida por su hijastro, después de ocho días de pensar en sus derechos, llegó con un contundente: “no sé”. Cuando le pregunté qué opinaba sobre el derecho de ser respetada en su integridad física o ser libre, me respondió encogiendo los hombros: “Eso no es para mí, doctor”.

La tarea de reconocer cuáles son los derechos asertivos personales no es fácil. La mejor manera es tener en cuenta cuándo y cómo la indignación aflora. La regla que debes tener en cuenta es como sigue:

Si me siento indignado, y esta indignación no proviene de mi suspicacia ni de mi patología, es probable que algún derecho me haya sido vulnerado.

¿Qué es la indignación?: un sentimiento de cólera ante la injusticia. Cuando sentimos una oleada de ácido clorhídrico en el estómago, cuando se nos va la voz o nos ponemos rojos de la rabia, cuando no podemos pegar el ojo pensando en lo que nos hicieron, cuando una fuerza interior desconocida nos impide olvidar, es probable, aunque no definitivo, que estemos frente a un derecho vital.  

Aprende más bases para aprender a llevar una vida asertiva leyendo la “Guía práctica para no dejarse manipular y ser asertivo” de Walter Riso. Descárgala hoy y llévala en tus dispositivos móviles.