¿Qué tanto exageras tus defectos?

Redacción Editorial Phrònesis 

Con el paso de los años, vamos afianzando los conceptos de lo “lindo” y lo “feo”, es decir, no necesitamos preguntarle a nadie cuál es uno u otro, basta con mirarnos al espejo. Iniciamos, sobre todo en la preadolescencia y en la adolescencia, una revisión detallada y casi compulsiva de lo que somos físicamente; punto a punto, poro a poro, sector por sector y de una manera estricta. 

El resultado es que pocas cosas se salvan y casi siempre nos falta o nos sobra algo. Criticamos nuestro color de piel, el cabello, los dientes, los ojos, las piernas, los dedos o cualquier otra cosa que no pase el filtro, ¡incluso lo que no queda expuesto al público!

Walter Riso, ilustra este punto en su “Guía práctica para mejorar la autoestima” con la siguiente historia:

“Recuerdo un paciente que se negaba a ir a la playa porque los dedos de sus pies eran muy grandes y torcidos. Un día se sacó los zapatos y me los mostró. Yo esperaba encontrarme con algo similar a las pezuñas del hombre lobo, pero para ser franco, si él no me hubiera explicado antes con lujo de detalles la supuesta ‘imperfección’, jamás me hubiera dado cuenta de la cuestión. Su temor era que no les gustaría a las chicas debido a la ‘anomalía’. Mi respuesta fue simple: le dije que si alguna mujer lo rechazaba porque su dedo anular tenía dos o tres milímetros más que el dedo pulgar, pues que se buscara otra.   

Es increíble la habilidad de algunas personas para detectarse fallas y exagerarlas. (En los casos extremos, como era el caso de mi paciente, este tipo de aprehensión se conoce como Trastorno Dismórfico Corporal y hay que recurrir a un profesional competente.)”.

En esta guía prácticaWalter Riso convierte su experiencia en poderosas técnicas para potenciar las capacidades y fortalezas en función del respeto propio que no pisotea a los demás, lo cual se traduce en menos infelicidad, ansiedad y dependencia emocional.