¿Qué tan desdichado debo ser para que tú seas feliz?

Apego emocional o sexual, celos, temores, intolerancia… Innumerables llegan a ser las razones por las cuales el amor se desdibuja y muta a un sentimiento doloroso. Muchos esperan que la pareja mejore su forma de ser y que, algún día, retribuya algo de lo que se le ha dado; es así como, en espera de reciprocidad, tales personas se someten a la interminable espera de algo que, muy posiblemente, nunca llegará. La respuesta a la pregunta con la cual se intituló este artículo debes tenerla tú, es obvia. En el amor no deben existir sentimientos unilaterales de infelicidad, dolor o desdicha.Vamos a explorar algunas de las enseñanzas que el psicólogo y escritor Walter Riso ha consignado en su “Guía práctica para no sufrir de amor”, respecto a aquellas situaciones que hacen que el “amor”, se transforme luego en un latente sufrimiento. Si sientes que tu relación está estancada, que tu pareja recibe más de lo que es capaz de ofrecerte, que en pocas palabras no quiere estar contigo, pero tampoco sin ti, Walter Riso nos invita a evaluar cuatro posibles razones por las cuales muchos desembocan en un amor ambiguo y contradictorio; tenlas en cuenta y toma las decisiones necesarias para remediarlas:

  1. Apego sexual: permanecer con tu pareja solo por satisfacción sexual, esta modalidad genera una forma de atracción/repulsión y funciona más o menos así: “Cuando no estás conmigo, el deseo me impulsa a buscarte a cualquier costo, pero luego, una vez me sacio, quiero escapar de tu lado porque tu sola presencia me genera fastidio”. Cada vez que Eros se va o se acaba, el otro se hace insoportable.
  2. La intolerancia a la soledad: Así como el apego sexual puede ser una motivación para estar con alguien, la soledad mal manejada empuja a las personas a buscar y a ‘entregarse’ con resignación a cualquier compañía, cosa que nada tiene que ver con el amor. “Cuando estoy sin ti, la desolación me agobia y te necesito, pero cuando ya estás en mi hábitat, comienzo a extrañar mi soledad”. Se convierte en algo inmanejable, la hipersensibilidad a la soledad produce mucho malestar y hacemos  cualquier cosa para evitarla. Algunos, hasta se casan.
  3. Miedo al compromiso afectivo: Los que temen asumir compromisos afectivos manejan un marcado “ni tan cerca ni tan lejos” , algo como: “me gustas, me encanta estar contigo, pero si te introduces siquiera un milímetro en el territorio de mi reserva personal e intentas poner a tambalear mi soltería, me alejaré de inmediato”. El problema es que esta manera de pensar no suele hacerse explícita y por lo tanto estas “casi parejas” viven en zozobra todo el tiempo. Mientras tu pareja “anti-compromiso” la pase bien contigo y la cosa se quede en lo superficial, todo ‘marchará sobre ruedas’.
  4. Sentimiento de culpa: Hay quienes ya no quieren a su pareja, pero la culpa les impide separarse. Es cuando la relación se limita en complacer a la pareja sin tener amor, “me da dolor verlo sufrir y por eso estoy con él o ella”. Estar con alguien para aminorar la culpa es un contrasentido que termina agudizando el sufrimiento de todos los involucrados. Es preferible que te dejen honestamente a que estén contigo por caridad y compasión. No eres una obra benéfica, eres una persona.