¿Qué se siente perder el amor propio?

Redacción Editorial Phrònesis

Hace algún tiempo, en uno de los innumerables trayectos que me exige mi trabajo, me topé con una amiga de infancia que hacía años no veía. En medio de la sorpresa y la confusión, lo primero que me salió casi inconscientemente fue un: “¿Qué ha sido de tu vida?”. Lo que desató todo un protocolo de frases cliché más preocupadas por recitarse bien que por demostrar naturalidad. “¡Todo ha estado muy bien!”,  “¡Cuánto tiempo ha pasado!”, “¡Qué pequeño es el mundo!”, etc, etc. 

En vista del notorio estrés que envolvía el aura de mi amiga, se me ocurrió invitarla a tomar un café para relajarnos y hablar mejor. Pensé que su reacción respondía a la sorpresa del encuentro, después de todo, yo tampoco fui muy elocuente. Luego de escuchar un listado de pretextos sin fundamento, logré hacer que aceptara mi invitación.

Como era de esperarse, de a poco fueron aflojándose algunas confesiones solapadas en frases eufemísticas que ahora sí le salían con total naturalidad. Por fortuna, siempre he gozado de una fuerte confianza en lo que soy y lo que merezco. Las palabras de mi amiga, me resultaban demasiado desconocidas. Por primera vez, encontré la respuesta a una pregunta que nunca me había hecho: ¿Qué se siente perder el amor propio? 

Traté de contener al máximo mi tendencia innata por levantarle el ánimo a los demás. No quería parecer entrometida. Entonces ella echó la gota que derramó la copa: 


“No tengo tiempo para dormir el domingo, tengo tanto por hacer que me da remordimiento”.

Ante semejante despliegue de ataques en contra de su autoestima, tuve que intervenir contundentemente:

-¡Un momento!- Le dije con firmeza – ¡Basta de decir cosas como estas!. Yo también tengo, como millones de mujeres en el mundo, mil cosas por hacer: tengo hijos, un trabajo, una casa y un esposo con el cual compartir. Pero duermo hasta tarde los domingos, duermo tranquila aún cuando haya mucho por hacer. Como todos, necesito descansar y no me da remordimiento hacerlo; duermo dulce y plácidamente, reconforto mis ganas, mi entusiasmo, energías y vuelvo a empezar. Me gusta hacer “nada” cuando puedo, así libero mi mente de tantos “compromisos” que me llevan al estrés.

También me miro al espejo muchas veces y me digo “¡qué bella estás!”; al escucharme me sonrojo y sonrío; Pero, cuando te dijo esto, solo logré un ataque de risa en ti mientras decías: “yo nunca me miro al espejo, tal vez un par de segundos y ya”.

Pues ya lo sabes, yo sí me aprecio, me aplaudo, me hablo… Me disgusta que menosprecies tu imagen diciendo: “¡estoy fea, ya no tengo la cintura de antes!”. 

No puedo creer que hayas dicho cosas como: “cuántos años y yo trabajando igual, con la misma ropa, no tengo carro, ni un apartamento propio” ¿Cómo es posible volver un momento de emoción y reencuentro en una tragedia monumental? ¡Por Dios! Has tenido nuevos amores, nuevos amigos, aprendiste un nuevo idioma, has viajado, aprendiste de cocina, has vivido y experimentado, has bailado, has comido los banquetes que has querido. ¡Cuántos quisieran hacer tanto como tú! Llevar tener tu estilo de vida, tener buena salud y, simplemente, vivir. No veo nada de negativo en eso.

Te lo digo sinceramente, porque la mujer que recuerdo en ti, nunca hablaría de esa manera.  Quiero hacerte comprender lo siguiente: si te aplaudes por tus logros (que son muchos), si te miras al espejo y te besas, si te abrazas, si haces “nada” en una tarde y dedicas ese tiempo para ti, tu autoestima se verá renovada, reaparecerá esa mujer llena de ganas, entusiasmo y amor. Ya no verás como anormales mis acciones y te sentirás libre de sentarte en un parque, quitarte los zapatos y tocar el pasto, mirar a lo lejos y solo pensar, disfrutar colores, disfrutar del viento. ¡No sé si estoy loca al decirte esto! pero disfruto inmensamente hacer ese tipo de cosas.

No temas emprender un nuevo pasatiempo tratando de convencerte que “eso te quita mucho tiempo”. Créeme, yo lo disfruto aunque tome tiempo, pero no creo que sea un desperdicio, es una inversión en mí, por eso lo hago con placer. Créete el cuento, como yo: estás aquí para disfrutar cada momento, para disfrutarte a ti misma, como la bella e inteligente mujer que eres.

Agradezco haber tenido este encuentro. Entendí lo que se siente al perder la autoestima. Aunque mi amiga tiene mucho por hacer en ella misma, siento la obligación moral de ayudarle, porque tener un amor propio a prueba de todo, es invaluable. 

¿Qué opinas de esta historia? ¿Estuvo bien lo que le dijo esta mujer a su amiga sin autoestima? 

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