¿Qué hacer cuando el sexo me empuja hacia mi ex?

Redacción Editorial Phrònesis

Supón que estás al inicio de una relación de pareja. Te entiendes de maravilla con esta persona y la atracción física es correspondida con evidencia. Así que su primer encuentro con el sexo no se hace esperar. Ese fascinante momento, fantaseado tantas veces en tu mente, se hace realidad superando por mucho tus expectativas.

Por supuesto, la satisfactoria experiencia se ha ganado un lugar preferencial dentro de sus planes de pareja. Sobretodo porque cada nuevo encuentro en la cama mejora el anterior. Mientras disfrutas de tu recientemente adquirida vida sexual ideal en pareja, no puedes evitar comparaciones en tu interior (odiosas aún cuando solo se hagan mentalmente) en busca de aquellos aspectos que tus parejas anteriores no lograban hacer con tanto éxito como la actual.

En resumidas cuentas, la sexualidad juega un papel primordial en tu relación de pareja. Incluso se dicen su primer “te amo” durante un lujurioso encuentro entre sábanas. Hasta que el paso del tiempo les muestra a cada uno ciertas incompatibilidades con el otro. Surgen discusiones aireadas y separaciones temporales. Sin embargo, por iniciativa del uno o del otro, siempre encuentran una solución a través del sexo.

Discusión, ruptura, nostalgia, llamada o mensaje de texto, sexo, reconciliación. Una historia que se repite hasta perder sentido, como sucede al decir demasiadas veces una misma palabra. De pronto te encuentras en una relación meramente carnal. Te esfuerzas por convencerte a ti mismo que aún amas a esa persona, pero en el fondo sabes muy bien que se trata de un apego sexual.

¿Cómo liberarte de semejante tentación?

Los vínculos sexuales dentro de las relaciones de pareja pueden llegar a ser tan fuertes que suelen dominar a los emocionales. Por tal motivo es importante reconocerlos, aprender a diferenciarlos y dosificarlos dentro de tus relaciones de pareja.

Una investigación de la Revista Electrónica de Psicología de Iztacala, de la Universidad Nacional Autónoma de México, deja claro que la sexualidad nos produce placer y se asocia en nuestros cerebros con el mismo sistema de recompensa relacionado con la dependencia a las drogas. Lo cual parece complicar las cosas si se trata de renunciar a una adicción sexual que permanentemente nos hace recaer en los brazos (o las piernas, para el caso) de una relación pasada.

Afortunadamente, siempre hay una ventana abierta en medio de tantas puertas cerradas. El secreto está en la rutina: continuar una relación basada únicamente en el sexo, excluyendo todo propósito afectivo, se puede convertir en algo aburrido. Por lo menos, esto asegura la psicóloga Asley Mason de la Universidad de Arizona. Ella afirma que así se facilita el proceso de desapego sexual permitiendo el paso de nuevas experiencias.

Cuanto más lejos, mejor

Es completamente normal que la nostalgia escarbe en lugares donde aún tienes sentimientos que te recuerdan a tu expareja. Evita al máximo todo tipo de contacto. No se trata de refugiarse en una cueva inaccesible como un ermitaño, sino de crear un espacio en el cual te permitas estabilizar tus emociones. Cierra ciclos y supera etapas.

Alcanzado este objetivo, podrás pensar con mayor claridad y determinar qué situación te ofrece mayor comodidad. Si mantener una relación con tu expareja basada en el sexo, si intentar consolidar la relación nuevamente, si alejarte definitivamente con la intención de continuar la vida cada uno por su lado o cualquier otra que se te ocurra.

Entonces ¿Está bien o mal tener sexo con tu ex?

Ten en cuenta que tu vida se rige bajo el principio del libre albedrío: tú eres quien decide sobre tu propia vida. Tal vez a algunos les suene demasiado obvio, pero vale la pena recordarlo. Además, las relaciones de pareja son tan diversas como las mismas personas que hacen parte de ellas.

Lo más importante es que elijas aquella opción que te llene de tranquilidad y satisfacción personal. Una en donde no esté contemplado ningún tipo de vulneración a tu integridad física, mental o emocional ni, por supuesto, la de nadie más.

Sé consciente de las repercusiones que acarrea tu decisión y saca el mayor provecho de ella: evoluciona.