Por qué sentir dolor es saludable

Redacción Editorial Phrònesis

Cuando pensamos en el dolor, solemos traer de vuelta malos recuerdos, sensaciones desagradables y momentos difíciles. Es completamente normal hacer este tipo de asociaciones, después de todo sin el dolor pasaríamos por alto las alertas naturales de nuestro cuerpo. 

Una de la funciones adaptativas más importantes del dolor para nuestra supervivencia es avisar que hay algo a nivel físico que está funcionando mal o está siendo agredido, con el propósito primario de ser reparado, defendido o protegido. Tan pronto es activada la señal de alarma, su impacto es de tal magnitud que no puede pasar desapercibido. En otras palabras, el dolor puede llegar a doler y mucho. Y no es para menos, si consideramos las enormes implicaciones que tiene para la vida humana.

Si la advertencia fuera suave y amable, ignoraríamos la información y la enfermedad, el desorden o la dolencia seguirían su curso ininterrumpidamente. El dolor nos da conocimiento de causa para intentar solucionar el problema físico. Pese al carácter primitivo y tormentoso del método, no deja de ser ventajoso contar con un guardián tan eficiente que nos indique cuando algo se sale de su curso normal. Sin embargo, no se debe desconocer que el dolor a veces se ceba en su función y se vuelve demasiado insistente. 

El cerebro humano carece de un sistema de retroalimentación para contestar al aviso doloroso; algo así como un: “Ya entendí. Sé que mi muela tiene caries. Ya recibí el recado, iré al dentista mañana a primera hora, pero no seas tan obsesivo y deja de machacar”.

Ciertamente, es una fortuna que el dolor no entienda este lenguaje; si no, más de uno se hubiera muerto en la sala de espera. Si se obtiene la cura o se restablece la normalidad del órgano, él se calma. De lo contrario, persiste incisiva y categóricamente hasta que llegue la sanación.

La naturaleza es sabia en muchas formas, lo cual podemos comprobar con la complejidad de nuestro cuerpo, mente y emociones. De la misma manera en que el dolor físico se manifiesta para hacernos saber de alguna falencia, ocurre lo mismo con el dolor emocional. Cuando sufrimos un daño a nivel afectivo, nuestra mente envía una serie de alertas imposibles de ignorar. ¿Quieres saber cómo funciona el sufrimiento en nuestras vidas? ¿Sabías que el dolor emocional (o sufrimiento) es tan necesario como el dolor físico? Encuèntralo en la nueva  “Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones” en donde entrarás al profundo mundo de estas y muchas otras sensaciones afectivas necesarias para el correcto desarrollo de tu vida. Comienza a leerla ahora y aprovecha el potencial que llevas dentro. ⬇