Por qué nos gusta convertir los «ya voy» en un «nunca»

Redacción Editorial Phrònesis

Mantener una mente saludable depende en gran parte de hacer una depuración de la mayor cantidad de información incompleta o en desuso. Postergar regularmente las decisiones importantes por miedo o inseguridad en nosotros mismos no es más que darle largas innecesarias a los asuntos inevitables. 

Generamos una lista interna de “problemas por resolver” y la archivamos en un lugar de acceso tan complicado que al pensar en acceder a ella las excusas superan por mucho a la disposición de enfrentar las soluciones.  

El material reprimido se mantiene indefinidamente en un circuito cerrado, hasta que se solucione o pierda importancia. La historia de las personas inseguras podría resumirse como una cadena interminable de postergaciones que jamás se cumplieron y que finalmente empezaron a molestar.

Walter Riso cuenta oportunamente en su “Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones” una historia que explica mejor de qué trata este punto. Léela con atención, analízala y aplica sus enseñanzas en tu día a día:

«A.F. era una joven de veinticinco años, casada, con un hijo y esperando otro, que venía dilatando hacía años un encuentro de sinceridad con su madre, una mujer de armas tomar, dura, fuerte, caprichosa y agresiva. 

A lo largo de las citas, el problema con su mamá fue haciéndose cada vez más evidente, hasta adquirir una clara relación con la depresión que la afectaba hacía tiempo. Las maldades de la señora eran tema serio. Había organizado un crucero exactamente para el día en que el nieto iba a nacer por cesárea, no invitaba a A.F. al cumpleaños del papá inventando mentiras, confesaba en público que hubiera preferido un hijo hombre, le hablaba duro, la regañaba, se burlaba y la subestimaba. En fin, la señora no era precisamente la típica “mamá amorosa”, ni su hija la más valiente para ponerla en su sitio.

Cuando induje a mi paciente a precipitar el enfrentamiento, comenzó con las viejas estrategias de aplazamiento. Entonces decidí confrontarla: “¿Te has puesto a pensar que eres en gran parte responsable de lo que ocurre con tu madre? Yo te comprendo y pienso que en gran parte tienes razón, pero no puedo acompañarte en tu evitación y seguir alimentando una relación enferma… No puedo ser tu cómplice en esto y seguir dilatando la cuestión. Llegó la hora de ponerle final a la historia. Aunque no haya sido tu intención, has aceptado pasivamente los agravios. El miedo te ha paralizado y has negociado con algo que no es negociable: tu dignidad. ¿De qué te ha servido la postergación? Llevas más de diez años acumulando rencor y tratando de apaciguar y conciliar con alguien que aparentemente no quiere hacerlo. Cada vez que desertas, ella incrementa su arsenal de agravios. Tú en retirada y ella al ataque. Es hora de que asumas el reto. Siempre y cuando seas respetuosa, no me importa cómo lo hagas, lo principal es que te quites de encima esta carga de rabias y rencores que te atormenta. Es posible que ella te deje de hablar un tiempo y se sienta escandalizada ante tu rebelión, pero ese es el costo que tendrás que pagar para empezar a respetarte a ti misma y que te respeten. No hay un día especial para ser digno. Hoy es el día”. Ella preguntó: “¿Y si ella me deja de querer?”. Le contesté que si eso llegara a ocurrir, muy probablemente nunca la había querido de verdad. Y agregué: “Si fuera así, ¿no es mejor saberlo de una vez?”. Al lunes siguiente recibí una llamada contándome la buena nueva de que al fin había podido hablar con su madre. La reacción de la señora había sido aceptable y A.F. se mostraba muy contenta. Recuerdo sus palabras finales: “Me gustó hacerlo… Sentí como si me drenaran una infección de años… Lástima no haberlo hecho antes”».

La estrategia de la postergación es supremamente azarosa porque, como bien argumentaba Cervantes: «Por la calle del “ya voy”, se va a casa del “nunca”».

¿Cuántos asuntos tienes aún en la «sala de espera» sin una fecha concreta para enfrentarlos? Sin duda la clave está en dejar la mayor cantidad de problemas sin resolver o, por qué no, ninguno. En la “Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones” de Walter Riso encontrarás diferentes maneras para liberarte del pasado y limpiar tu mente de las cargas de la memoria. Es hora de dejar atrás el miedo y la pereza o terminarás uniéndote al indeseable grupo de las personas incapaces. Empieza hoy. ⬇