¿Por qué nos aterra expresar lo que sentimos?

Redacción Editorial Phrònesis

No podemos escapar del miedo a traspasar los límites de la razón ni a decodificar los misterios antiguos encerrados en nuestros genes y que aún se mantienen limpios. Vivir nuestras emociones naturalmente y en su máximo potencial es aterrador, tal vez por influencia de nuestra sociedad o de nuestra crianza, tememos acercarnos a lo que sentimos. En realidad, este temor aparece por la sensación de perder el control cuando las activamos demasiado.

Para conocer los secretos de la naturaleza humana lo único que falta es abrir el libro de la vida y comenzar a leer.

Sin embargo, no es tan fácil como parece. Hay ciertas dificultades que nos impiden descifrar el lenguaje de la naturaleza. En nuestro esfuerzo por recuperar la confianza perdida, le hemos otorgado poderes especiales a objetos o fuerzas externas: los amuletos, las estrellas, los líderes de cualquier índole o el destino.

Creemos en promesas de astrólogos y en reencarnaciones de un pasado difícil de indagar. Con la misma falta de conciencia de un ebrio, buscamos las llaves donde hay luz, aunque las hayamos perdido en la oscuridad. Analiza el siguiente caso narrado por el mismísimo Walter Riso en su «Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones» y saca tus propias conclusiones.

Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones- Walter Riso

Analiza:

«Una de mis pacientes, muy motivada por el crecimiento espiritual y como antesala a su jornada laboral ejercía la siguiente secuencia de actividades de “crecimiento interior”: caminaba descalza un rato para absorber la energía de la tierra, colocaba un vaso con agua al sol antes de beberlo, meditaba veinte minutos con un mantra asignado por un director de la escuela de algún Maharishi, luego volvía a meditar otros diez minutos con un sonido cuántico sanador aprendido de otro maestro espiritual, ingería un desayuno ayurvédico, leía el horóscopo y se le entregaba con una oración al ángel de la guarda. Como resulta evidente, al comenzar su jornada laboral ya estaba agotada».

Podemos aprender de todas las emociones, pero eso no significa que todas sean buenas y aceptables. Hay sentimientos destructivos y altamente peligrosos que deben manejarse con cuidado o eliminarse para siempre. Otros, nos ayudan en las buenas y en las malas, como ocurre en una verdadera amistad; fortalecen el yo y nos engrandecen.

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