Por qué la indiferencia mata al amor

Redacción Editorial Phrònesis

Cuando se dice que “matamos” a alguien con la indiferencia, no es tan simbólica la afirmación. El asesinato afectivo es un hecho cotidiano.  Ignorar la naturaleza humana del otro es rebajar su condición moral y jurídica, es desconocerlo como un interlocutor válido y como sujeto. Si te considero prescindible, te hago a un lado, dejo constancia de mi desinterés, de mi apatía psicológica, del rechazo a tu presencia.

Lo que se opone al amor no es el odio, sino la pura y simple indiferencia. Si te digo que eres un idiota, al menos te estoy reconociendo como ser humano, así la motivación sea odiarte y desestimar tus logros y virtudes, pero si no te dirijo la palabra, te aplico la ley del hielo o te ubico por debajo de mis umbrales perceptivos, te excluyo del universo. Despareces para mí y punto.

Walter Riso habla de tres formas de indiferencia en su documento “Los caminos del perdón”:

Menosprecio por el otro

Es la política del narcisista, del ególatra, del que se considera especial y único, y ha hecho de su ego un santuario. La gente está para servirle o alabarlo. Tiene un valor, pero es siempre menor que el propio. El menosprecio reconoce al prójimo como un súbdito o un admirador, un mal necesario para alimentar la vanidad. Su existencia se justifica en la medida en que acrecienta la autoimagen de un yo cada vez más acaparador. Lo que piensan y sienten las demás personas carece de importancia, si no contribuye a la supuesta grandeza.

Antisocialismo y violencia

Se da en los sociópatas “fríos de corazón”, los que creen que están por encima de la cadena evolutiva y pueden aplastar a los de abajo sin culpa para sobrevivir. Para ellos, el mundo les pertenece a los más fuertes, así que los débiles solamente  cumplen una función “alimentaria” para los depredadores más grandes. Dicho de otra forma: el otro está cosificado.

Si en el modo narcisista la dinámica era el menosprecio, aquí es el desprecio: eres un “objeto” del que hay que aprovecharse sin miramientos. No hay moral ni ética, porque el ser humano desaparece. Y no es necesario buscar los psicópatas en algún archivo policial de asesinos en serie, ellos también andan a nuestro alrededor funcionando soterradamente; basta observar detenidamente para descubrirlos.

Indiferencia pura

Ni menosprecio ni desprecio, lisa y llanamente, la no existencia ajena. Hay desvinculación total y de cuajo. No te veo ni te siento, estás en otra dimensión. Insisto: no se trata de desinterés, sino del destierro ontológico del otro. El ser se pierde, la humanidad se pulveriza. Los esquizoides y los ermitaños son expertos en hacer invisibles al prójimo. Se apertrechan en su territorio, llevan la autonomía al límite y declaran una autosuficiencia emocional radical.

Las tres formas reseñadas de “ruptura interpersonal” no agotan el tema. En realidad la indiferencia es un monstruo de más cabezas. Se cuela en la vida cotidiana, en los gobiernos, en la ciencia, los negocios y en todas las relaciones humanas, no importa la edad ni la clase social.

Evita practicarla y aléjala de tu vida personal, social y afectiva. Encuentra herramientas altamente efectivas para lograrlo en la siguiente colección de obras de Walter Riso.