¿Por qué a veces no consigues tus propósitos?

Redacción Editorial Phrònesis

Probablemente, en ocasiones sientas el impulso vital a actuar y a defenderte, pero algo te frena. Una fuerza supremamente poderosa y opuesta al enfado entra a escena con el fin de aplacar la rebelión e impedirte comportarte como quisieras. ¿Qué extraña resistencia es esa? ¿Por qué te sientes “maniatado” cuando deberías actuar y hacer lo que te propones? 

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Imagina una persona no asertiva haciendo una fila larga y tediosa. De repente, un extraño, con el mayor descaro, le quita el puesto. ¿Qué podrías esperar y predecir de un sujeto no asertivo en esta situación? ¿Qué pasaría en su interior?

Piensa un momento.

Es probable que se quede inmóvil, sin habla mientras, en su interior, se desencadena una lucha simultánea entre dos procesos opuestos: uno mental y otro emocional. De una parte, la indignación activaría el organismo para un ataque a gran escala, sus funciones entrarían en alerta roja y la artillería más pesada de todas, la biológica, apuntaría directo a la cabeza de su oponente.

Pero al mismo tiempo, un sistema de creencias altamente evaluativo, empezaría a moderar la ofensiva. Una duda metódica y existencial, orientada a predecir consecuencias, bloquearía el sistema de acción y lo obligaría a revisar la cuestión y a temblar. 

La firme intención de protestar, de no darse por vencido, de hacerse respetar hasta las últimas consecuencias, comenzaría, lenta e inexorablemente a ceder terreno ante un enemigo difícil de enfrentar: el miedo. Y es probable que termine diciendo: “Tranquilo señor, pase adelante, bien pueda, a mí no me molesta, no tengo afán, con mucho gusto…”.

La lista de temores que nos impiden ser asertivos, puede ser larga y variada. Sólo para citar algunos: miedo a parecer torpe, miedo a la respuesta agresiva del otro, miedo a perder el control, miedo a ser inadecuado, miedo a sentirse culpable, miedo a no saber qué decir…la lista sigue y sigue. De acuerdo a la historia personal, cada quien va fabricando sus propios fantasmas. Si gana el sentido de la dignidad, habrá respuesta asertiva, si triunfa el miedo, habrá evitación/sumisión.     

Es, entonces, el miedo ese factor que permite o impide conseguir tus propósitos, te frena y hasta te hace retroceder hasta el punto de renunciar a tus convicciones y sueños más arraigados. No permitas que el miedo te gobierne en ningún aspecto de tu vida (social, familiar, afectivo, etc.).

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