Perdóname, sólo te fui “un poquito” infiel

Redacción Editorial Phrònesis

La fidelidad existe siempre y cuando lo pactado se respete, de lo contrario, se convierte en un rompimiento traicionero o, lo que comunmente llamamos, una infidelidad. Eso es claro e indiscutible: cuando engañas o estafas afectiva o sexualmente a tu pareja, contraviniendo el acuerdo preestablecido, te guste o no, eres infiel. 

Y aceptemos también que uno no puede ser “un poco” infiel o “casi” fiel: la ruptura de lo acordado se da o no se da. No obstante, aunque todo el mundo acepta que no hay puntos medios, para muchos afectados, no es lo mismo una aventura aislada sin vínculo emocional (una noche, unos pocos días), que una relación “seria” y estable (meses, años), donde el corazón participa activamente y las mentiras se van acumulando. 

Veamos dos casos que nos trae Walter Riso en su “Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja”:

Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja – Walter Riso

Caso 1:

Un hombre le suplicaba a su mujer que lo perdonara, con el siguiente argumento: “Sé que estuve con otra, pero te lo dije inmediatamente… Fui honesto…”. Y la señora, muy segura de sí misma, le respondió: “Decir la verdad después de hacer trampa, no es ser honesto sino mostrar arrepentimiento… Reconocer la falta no te exime de la culpa ni de la responsabilidad… ”. 

Y es verdad, ella tenía razón y había hablado como una experta en ética. Pero la teoría no es suficiente, así que el remordimiento (que produce lástima), el sufrimiento culposo (que es contagioso) y el intento de reparación (que nos motiva al perdón), terminaron por ablandar a la mujer, quien le dio una segunda oportunidad. 

Después de dos horas de lágrimas y autocastigo del arrepentido señor, ella, considerando que había sido una aventura de una noche y no una relación de amantes, decidió conmutarle la pena y tenerlo bajo observación (una especie de libertad condicionada avalada por el amor y que puede más que el despecho). 

Caso 2:

En  otro caso, un señor que amaba profundamente a su esposa descubrió que ella había tenido una aventura sexual con el jefe. Luego de una fiesta de oficina, la mujer había aceptado ir al apartamento del hombre y allí había amanecido. El percance adquirió dimensiones inusitadas porque al ver que no llegaba (¡se había quedado dormida!) intervinieron la policía, los hijos, los suegros, los padres y los vecinos, quienes la daban por desaparecida o secuestrada. Al ver la desesperación de los familiares, uno de los asistentes a la celebración no tuvo más remedio que contar lo que había pasado. 

Cuando el marido y algunos familiares llegaron al apartamento donde estaba, la pescaron semidesnuda y con una resaca espantosa. En la terapia de pareja, a la cual asistieron con la rapidez que demandaba la situación, se planteó un dilema fundamental: ¿Hay diferencia entre la locura de una noche (fugaz, irrepetible, desordenada) y la relación de amantes (constante, repetida y pensada)? ¿Tienen el mismo carácter traicionero? ¿Lo eventual y aislado merece igual sanción que lo permanente y estable? Por decirlo de alguna manera, ¿no sería más comprensible o “perdonable” la aventura esporádica? Las respuestas a estas preguntas fueron benévolas para la infractora. 

Se llegó a la conclusión de que, aunque ella había sido evidentemente infiel, existían ciertos atenuantes que iban desde un anterior abandono afectivo del marido hasta el consumo de alcohol, por lo tanto, se decidió intentar de nuevo. El señor dejó establecido que jamás aceptaría la reincidencia, y ambos coincidieron en que por ningún motivo perdonarían la infidelidad de un amante permanente ni de una aventura esporádica: borrón y cuenta nueva.

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No se trata de disculpar la aventura casual, sino de marcar una diferencia fundamental en la manera de ser infiel. Una relación extramatrimonial sostenida y reiterada implica, necesariamente, premeditación y alevosía, el incendio está fuera de control y arrasa con todo lo que se atraviesa en el camino. La problemática principal es que el incendiario, sabiendo las consecuencias y pudiendo controlar el siniestro, le echa más leña al fuego.

Si tenemos en cuenta que la duración promedio de una relación de amantes fluctúa entre uno o dos años, es fácil imaginar los descalabros que pueden ocurrir en ese lapso. ¿Cuántas mentiras debe decir y sostener una persona infiel en ese tiempo? ¿Cuántos fingimientos, subterfugios y tretas debe inventarse para sostener los encuentros furtivos y ocultos? De ahí, que la víctima, cuando despierta a la triste realidad de una infidelidad sistemática y sostenida, comienza a funcionar hacia atrás, atando cabos sueltos, descubriendo las falsedades que en su momento fueron inexplicables. Al mirar el pasado, los embustes se destapan, y junto con ellos la sensación de dolor e ira.

Afrontar asertivamente las traiciones amorosas en pareja no es cuestión sencilla, sin embargo, Walter Riso reúne en su colección “Aprende a prevenir, afrontar o superar la ruptura causada por infidelidad” cuatro de sus obras para ayudarte a salir bien librado de las infamias afectivas. Conócela con más detalle a continuación.