¡Nunca debes permitir que esto te pase!

Redacción por Editorial Phrònesis.

Eres libre de entregar un amor apasionado y sincero, nadie te lo va a impedir. Tú y nadie más que tú eres quien decide cómo llevar tus relaciones y vida emocional. Sin embargo, no debes caer en el error de poner el amor a tu pareja por encima del amor propio. Idealizar al otro y atribuirle poderes especiales puede tergiversar tu percepción de la realidad y llevarte hacia caminos oscuros y profundos, en los siniestros bosques de la auto-indiferencia.

No siempre es fácil identificar cuando esto pasa, pues el amor actúa de maneras a veces impredecibles e, incluso, afloran actitudes desconocidas en nosotros, impensables en situaciones ajenas a una relación de pareja. Pueden haber períodos de ceguera selectiva, aquellos en los que todos notan algo extraño en nuestro comportamiento, pero para nosotros es invisible.
Pensemos en la siguiente situación:

Una mujer, de aproximadamente 30 años, soltera y con una carrera prometedora, ha estado en “relación amorosa” durante los últimos 12 años. Ella está cansada de cómo la trata su novio. Luego estos largos años, nada parece funcionar. No hay maltrato físico, pero sí verbal. Él suele usar palabras como: “eres la mujer más fea que he visto” o “¡me das asco!”. Cuando están en lugares públicos, la obliga a caminar un paso atrás de él porque le da vergüenza que lo vean junto a ella. Si ella le trae algún detalle y a él no le gusta, le grita: “¡tonta, retardada!”, lo rompe o lo arroja a la basura llevado por la furia. Ella paga siempre las cuentas y nunca recibe un abrazo, caricia o gesto de agradecimiento porque, según él, es mal acostumbrarla. Además, la engaña con otras mujeres y se lo cuenta; no escatima en detalles al describir lo que hace con ellas, incluso la obliga a escucharlo. Si necesita el carro y ella no se lo presta, la insulta. Un día llegó a escupirla en la cara.

Es una situación extrema, hipotética, pero extrema. Aunque no es descabellado pensar que haya alguien capaz de soportar semejante clase de agravios al punto de someterse de esta manera. 

¿Qué tal si hacemos más intensa la situación? Supongamos que a la pregunta ¿por qué no lo dejas? ella responda: ““Es que lo amo…Pero si pudiera desenamorarme, lo dejaría…“. Eso revelarí una equivocación enorme: ella busca aliviar su situación, no solucionarla.


No hay que esperar a desenamorarse para terminar con una relación destructiva. En estos casos, la estrategia adecuada para enfrentar el problema es la misma en un tratamiento de farmacodependencia, donde el adicto debe pelear con la apetencia y sacrificar el placer inmediato por la gratificación a mediano o largo plazo.

En las adicciones afectivas, nos guste o no, todo el trabajo de ruptura e independencia emocional deberá hacerse con el supuesto amor a cuestas: “Aunque lo quiera, me alejaré de él porque no me conviene”. Muy difícil y solo para valientes, pero así es. No importa cuanto duela, si es dañino, hay que retirarse y no consumir más dosis de ese apego.  El desamor no es un requisito para desligarse de las relaciones enfermizas, más bien es su consecuencia. Además, es muy complicado que el amor pueda disminuirse a fuerza de voluntad y razón, esas son fantasías irreales y embusteras; si así fuera, el proceso inverso también debería ser posible y, tal como lo muestran los hechos, uno no se enamora de quien quiere, sino del que puede.


En el ejemplo mencionado anteriormente, la mujer se comportaba como una adicta a la relación o, por decirlo de otra manera, una adicta afectiva. Mostraba la sintomatología típica de un trastorno por consumo de sustancias, donde la dependencia no estaba relacionada con la droga, sino con la seguridad de tener a alguien, así fuera una compañía pavorosa y llena de dolor. Desde el punto de vista psicológico, según Walter Riso, se presentaría un diagnóstico adictivo fundamentado en los siguientes puntos:

  • Pese al maltrato, la dependencia aumenta con lo meses y los años.
  • La ausencia de su novio produce un completo síndrome de abstinencia no reemplazable por otra “droga”.
  • Existe en ella un deseo persistente de terminar el noviazgo, pero sus intentos son infructuosos y poco contundentes.
  • Invierte una gran cantidad de tiempo y esfuerzo para poder estar con él, a toda costa y por encima de todo.
  • Hay una clara reducción y alteración de su normal desarrollo social, laboral y recreativo debido a la relación.
  • Continúa alimentando el vínculo a pesar de tener consciencia de las graves repercusiones psicológicas para su salud. Un caso de “amorodependencia”, de dudoso amor.


El más fuerte núcleo de toda relación de pareja es el autorrespeto. Sin él, dejaríamos de ser queribles y deseados. Sin ese conjunto de principios donde no hay espacio para negociaciones, estaríamos constantemente en subasta, a merced del mejor postor y el amor propio se volvería añicos. El apego corrompe, degrada, limita, cansa, desgasta y agota nuestro potencial. Por el contrario, la dignidad libera, el autocontrol ayuda, la autoestima engrandece, la autoeficacia nos vuelve atrevidos y el realismo afectivo, por muy doloroso que sea, enseña a perder. Mal de amores o salud afectiva. ¿Cuál escoges?

Llevar una vida emocional plena y saludable requiere trabajo sobre todos estos aspectos. Las “Guías prácticas” de Walter Riso, te ayudarán a fortalecer tus relaciones de pareja sin dejar de lado el amor propio. Léelas y aplícalas sin titubear. Ayudarán a elevar tu vida a niveles superiores.