No quiero una princesa…

Amigos de la comunidad Phronesis, hemos encontrado esta historia en Internet y nos gustaría compartirla con ustedes para que reflexionemos sobre uno de los temas que más enfatiza Walter Riso en su “Guía práctica para no sufrir de amor”, leamos con atención y reflexionemos:

No quiero una princesa…

Estoy harto de las princesas de hoy en día, por favor vida, no me traigas una princesa con tu viento; te suplico no lo hagas. No quiero una doncella de pensamiento seco, de intelecto muerto, de paraísos y jardines de colores, de castillos invencibles y caballeros honorables. En verdad no quiero una bonita con cabeza hueca, llena de tonterías esperando un beso de amor y un amor rosa, de rosas y chocolates, de perfumes y buenas tardes.

Te suplico con todas mis fuerzas que no me arrojes a los brazos de una niña buena, que no me enrede en el cabello bien cuidado de una princesa, que no bese unos labios pintados de una sonrisa fingida y un cuerpo estereotipado.


Pido al cielo que no venga una dama con corona y manos que no tocan, que no arden, que no juegan, que no sienten, donde no hay nada

– ¿Qué carajos quieres entonces? Me preguntan.

Quiero una mujer que sea una guerrera, una loca, invencible, que sea audaz, que tenga ideas propias, una perversa, que sea una mujer libre.

Busco a alguien que brote entre lo adverso, que luche como una fiera, que vuele alto y alcance sus metas, que ame apasionadamente, que bese como si nunca más pudiera.

Alguien que escuche como hace un sordo, que vea como un ciego, que toque como un manco, que no se limite a lo que no puede y no sienta.

Entrégame una guerrera vestida de mujer, que no le asuste el infierno en llamas, que no tema a la gloria que uno aclama. De esas que te llaman para decir te quiero y cuelgan, de esas que escuchan y hablan, aconsejan, callan, observan, entienden, analizan y nadan contra la corriente de una sociedad armada y falsa.

Te propongo me entregues una mujer que muerda los labios, que vea el alma, que sonría desnuda porque realmente se ama, que esté conforme con el reflejo del espejo, que no esté llena de complejos.

Qué bello sería encontrar a alguien que disfrute de una poesía sin rima, de literatura hecha entre una vida devastada, del baile natural sin melodía más que el ritmo engendrado entre las dos almas.

Si alguien lee esto y entonces eriza tu piel, eres la indicada. Hay alguien que te aguarda con los brazos abiertos para estrujarte en un abrazo, con los labios secos para besarte los miedos, con la atención indicada para curar las heridas, con las caricias suficientes para tocar tu cara, con las miradas necesarias para guardar cada gesto, con el amor de un idiota para esto, lo otro y lo que falte.

Quiero una mujer de pasión desbordante que muerda, que arañe, que rasguñe, que rompa en llanto como un cántaro, que ría como un niño en Navidad, que extrañe como se extraña a un alma perdida, que sea fuerte como la lanza que va directo al blanco, que sea una dama llena de fuerza, que sea como es ella cuando nadie la está viendo.


¡No quiero una princesa!

Historia adaptada de Internet

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Para concluir esta reflexión queremos también compartir un fragmento de la “Guía práctica para no sufrir de amor”, donde Walter Riso abarca este importante tema:

“‘Mi clon’, ‘Mi media naranja’, ‘Mi complemento’, ‘Mi alma gemela’: pura adicción, pura simbiosis. Querer ser uno, donde hay dos, ¿habrá mayor obstinación? Amor de comunión: cuerpo y alma fundidos. Y no me refiero necesariamente a lo sacramental, lo cual es respetable desde las creencias religiosas, sino a la connotación mística del término. La fusión radical implica tener la misma fe, la misma disciplina y la misma unidad de espíritus. Es apenas obvio que en semejante amalgama de personalidades no haya nada que dividir, ni partición de bienes ni de cuerpos. No habrá ‘yoes’, no habrá individualidades”.