Libérate de la culpa excesiva.

Redacción Editorial Phrònesis

Cuando herimos a alguien importante en nuestras vidas, un gran sentimiento de culpa suele estar presente en todo lo que hacemos; Debido a esto, empieza a suceder una especie de harakiri psicológico donde se ataca a la persona y no la conducta específica: “soy malo”, “soy un asco” o “soy dañino”; en vez de decir: “he cometido una torpeza”, “me he comportado egoístamente”, “he sido inadecuado”. En otras palabras, la autoevaluación culposa nunca está ajustada a lo circunstancial, sino a la esencia misma del sujeto comprometido en la falta, lo que es a todas luces absurdo e inadmisible, porque nadie es totalmente malo o bueno. No es lo mismo decir robó una vez, a decir es un ladrón.

Analiza este caso y saca tus conclusiones:

  • Una paciente que había enviudado hacía dos meses, mostraba ciertas fluctuaciones en su estado de ánimo muy atípicas. Sin que ningún elemento de su personalidad lo justificara, pasaba de la alegría a la tristeza de una manera milimétrica. Un día mal, un día bien, luego volvía a sentirse mal, y así. Al cabo de varias semanas de registro descubrí la causa. Ella confesó muy apenada que había días en que se sentía demasiado contenta de estar viuda, ya que su marido la maltrataba física y psicológicamente. Como consideraba que eso implicaba un irrespeto a la memoria del difunto, por las noches la embargaba una enorme tristeza y una profunda culpa: “¿Cómo me voy a sentir bien, si él está muerto?”. Al otro día, reparaba el “desliz” castigándose de todas las maneras posibles, especialmente utilizando autoverbalizaciones destructivas frente a sí misma. Así limpiaba la supuesta falla, pero al mismo tiempo permanecía atrapada en un duelo de nunca acabar. Después de muchas citas, entendió que su sentimiento de alivio era totalmente comprensible y tan humano como el pesar que aún sentía por el alma del fallecido.

Es claro decir que deberíamos tener una plena conciencia de los actos que cometemos y por ende en vez de seguir autocastigándonos, se genera una responsabilidad compasiva frente a nuestros actos donde no se incluya necesariamente una mutilación psicológica. Una cosa es asumir la responsabilidad y las consecuencias de los propios actos con preocupación sincera, arrepentirse y reconocer la equivocación, y otra muy distinta entrar en el tormento de la autolaceración psicológica. Enmendar, pero como un acto de fortalecimiento del yo, aprendiendo de los errores y sin lastimar descarnadamente la propia esencia. 

La culpa nos ata fuertemente al pasado y nos imposibilita vivir el aquí y el ahora con tranquilidad. Es un lastre que hace más aburrido y agotador el viaje, después de todo, y aunque tu ego se resista, no eres perfecto, bota la culpa y reemplázala por algo más constructivo y formativo que te haga crecer como persona. No te ataques a ti mismo: respétate.

El poder de las emociones y el reconocimiento es algo magnífico que sin duda te sorprenderá y traerá grandes beneficios a tu vida, si lo anterior te hizo reflexionar y te ayudó de alguna manera, sin duda la colección de guías prácticas de Walter Riso brindará grandes cambios en tu vida a nivel emocional y afectivo, ¡sé parte de un nuevo comienzo en tu vida!