Las buenas parejas se compensan por lo positivo

Redacción Editorial Phrònesis

Alguna vez en consulta, un hombre le comentaba a Walter Riso que cuando estaba en una reunión social intentaba parecer menos culto de lo que era, para que su esposa, quien era una persona poco informada, no se sintiera mal. Parejas disparejas que se equilibran en el subsuelo e intentan rehabilitar las incompatibilidades de manera inadecuada. No hay que cortarse una pierna para emparejar la cojera del otro, es más saludable buscar un soporte o una pierna ortopédica, si el interés es que la relación avance. Cuando Walter Riso le preguntó a la esposa de su paciente si ella se sentía incómoda por no alcanzar el “nivel cultural” que tenía su marido, le respondió que no, que por el contrario, se sentía orgullosa de tener un hombre ilustrado y que cada quien tiene sus fortalezas y debilidades. El problema, evidentemente, no era de ella.

El camino del crecimiento afectivo es buscar lo positivo en el otro y lo positivo en uno para ensamblarse en esos puntos: estar atentos a lo negativo para modificarlo y estar atentos a lo positivo para consolidarlo. Sin esguinces ni mentiras, con el dolor que se requiera y el tiempo que sea necesario. Entonces el proceso de ajuste será dinámico, realista y honesto, y quizás, hasta divertido.

¿No sería más lógico que tu pareja se sintiera orgullosa por ser quien eres, en vez de compararse y deprimirse por ser “menos”? Simplemente sé tú, con tus capacidades y desaciertos, descaradamente, sin esconder ni disimular nada, así el otro se retuerza. Si sacar tu lado bueno le genera inseguridad a la persona que amas, es tu pareja quien debe cambiar y no tú: ella debe alcanzarte a ti y no tú detener la marcha. Y como ya dije, si notas algún atisbo de rivalidad por tus éxitos, escapa lo más lejos posible. El amor “envidioso”, no es amor. 

Algunos defienden el mito de la “igualdad total” y creen que una pareja solo funcionará si la coincidencia entre sus miembros es completa. Sin embargo, la realidad nos enseña que no hay clones afectivos. Las “desigualdades” entre los enamorados son inevitables y a veces interesantes y pedagógicas (uno puede aprender del otro y mantener vivo el fuego del asombro), pero si somos inseguros y temerosos, cada disparidad y cada contraste se convertirá en un martirio. 

En otra ocasión, un paciente le dijo a Walter Riso: “Ella tiene mucho dinero, la gente la admira mucho, tiene una gran personalidad y es emocionalmente equilibrada… No la soporto, quiero una mujer que se parezca más a lo que soy, alguien más pobre, menos triunfante, más odiada, más insegura… Necesito alguien tan imperfecto como yo…”. El hombre se comparaba en lo que no hay que compararse y la manera de solucionar el desfasaje era buscar una pareja que encajara mejor con sus “incapacidades”. 

¿Tenía razón? La polémica queda abierta. 

Si quieres obtener la información adecuada y el carácter para afrontar y dar respuesta a este tipo de situaciones y cuestionamientos, vale la pena leer la‘Guía práctica para no sufrir de amor’ del psicólogo y escritor Walter Riso. Con su lectura podrás acceder a un espacio de reflexión para desarrollar las estrategias y los esquemas afectivos y cognitivos necesarios para no caer en el “mal amor”.