La importancia de crear tu propio sentido de belleza

Redacción Editorial Phrònesis

Tu cuerpo y el modo en que lo cubras deben agradarte primero a ti. “Decórate” a tu tamaño y buen parecer, en otras palabras: como se te dé la gana. De no ser así, tu poder de decisión quedará a merced de lo que “se usa” o “no se usa”.

Por ejemplo, sentirse bien vestido es algo agradable (a veces he pensado que la mayor felicidad que comparten los invitados a una fiesta de matrimonio, familiares incluidos, no es la alegría del que se casa, sino el sentirse elegantes), pero estar pendiente obsesivamente de “cómo me veo” puede resultar una tarea agotadora y desgastante.

Walter Riso explica ingeniosamente este tema en el siguiente fragmento de su “Guía práctica para mejorar la autoestima”: 

Guía práctica para mejorar la autoestima – Walter Riso

Paso 10: Si inventas tu propio sentido de belleza, tu autoimagen no saldrá lastimada

No existe un criterio universal y absoluto de lo que “debe” ser hermoso. Recuerdo que mi abuela siempre hablaba de su madre como la mujer más bella y atractiva del mundo, siguiendo unos cánones que habrían hecho indignarse a más de un médico esteticista: 

“¡Qué hermosura de mujer era mi madre!”, decía. “Gordita, blanca como la leche, con unos grandes, cachetes rosados y unos labios rojos como fresas”.

Cuando ella comentaba esto, los nietos nos desternillábamos de la risa y los más grandecitos hacíamos muecas de desagrado. Hoy en día esas bellezas “antiguas” no caben en nuestras estructuras mentales. La belleza es algo relativo a la época y al lugar, así existan ciertas variables biológicas en juego. Se nos inculca y enseña qué cosa debe ser considerada “bella” u “horrorosa”, pero de ninguna manera es una verdad absoluta.

La premisa más saludable es como sigue: puedes decidir tu propio concepto de lo bello. No es fácil, pero vale la pena intentarlo. Así como para vestirte bien no debes seguir dócilmente la moda y uniformarte, para gustarte a ti mismo o a ti misma no tienes que utilizar conceptos externos. No tienes por qué parecerte a nadie en especial ni hay razones teóricas y científicas que justifiquen la superioridad de una forma de belleza más que otra.

Lo importante, entonces, no es ser bello o bella, sino gustarse a uno mismo. Para lograrlo no es conveniente utilizar pautas ya establecidas, sino inventarlas. La belleza es una actitud, si te sientes lindo o linda, lo eres y eso trasmitirás a los demás, pero si aceptas pasivamente el modelo de belleza que te imponen desde fuera, terminarás pensando que eres horrible

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