La genealogía de la dependencia emocional

Redacción Editorial Phrònesis

Cuando se presentan desórdenes afectivos que demuestran dependencia emocional más vale echar un vistazo al pasado y analizar la manera en cómo nos relacionábamos con nuestros padres o cuidadores primarios. Si vinculamos nuestros primeros años de vida con presencias distantes, frías, lejanas, poco predecibles y, sobre todo, fluctuantes a nivel afectivo, hay grandes posibilidades de desarrollar un perfil ansioso inseguro, el cual es el principal aliciente para generar relaciones amorosas regidas en el apego y la inestabilidad cuando establecemos relaciones de pareja en la vida adulta. 

Quienes tienen esta predisposición en su comportamiento suelen enamorarse y desencantarse con facilidad, sienten celos exesivos y manifiestan comportamientos posesivos; además, suelen ser personas muy emotivas e irritables ante los conflictos con su pareja y desarrollan un autoconcepto pobre y ambivalente.

En la infancia desarrollamos el ‘tono afectivo’ que guiará gran parte de nuestra percepción del mundo y las relaciones interpersonales. No es definitivo ni determinista porque es posible modificarlo, pero a veces no es tan fácil porque se ‘graba con fuego’ en nuestra mente y corazón. Como sea, se arrastran esas primeras experiencias y se cargan, a veces, como lastres.

Si los padres o cuidadores no fueron consistentes en sus expresiones de amor, si un día parecían querer con locura y al otro, por el motivo que sea, parecían alejarse, seguramente crearon una ambigüedad emocional, una imposibilidad de establecer una base afectiva segura y estable. Mucha gente busca recuperar ese equilibrio básico a lo largo de la vida y no se da cuenta que es prácticamente imposible recuperar algo irrecuperable. 

Hagamos una pausa para pensar si en efecto tú sufres de dependencia emocional derivada de estos antecedentes. Recapitula tu historia. Dedícale unos minutos al día a repasar y a escribir un diario sobre cómo te fue en la infancia. La idea no es que te regodees en el sufrimiento, ni te quedes con el dedo en la llaga, sino que logres captar lo esencial, mirar qué tipo de déficit tuviste y hacer ‘borrón y cuenta nueva’. No puedes cambiar el pasado pero sí el presente. Hay que dejar caer las cargas y no tratar de llenar vacíos antiguos. Es mejor construir espacios y territorios seguros en el aquí y el ahora. Ir al pasado para obtener claridad y establecer una secuencia causa efecto, pero, insisto, sin hacer un culto al dolor de lo que podría haber sido y no fue.

Así las cosas, si sospechas que tuviste un perfil ansioso inseguro, sabes que allí hay un punto oscuro que debes resolver, un punto de quiebre en el cual no debes quedarte. No intentes obtener en otras fuentes lo que no tuviste en su momento. Ya pasó. No busques resarcir el vacío buscando desesperadamente llenarlo. No hay nada que llenar, solo comprender y construir una base segura en el aquí y el ahora.

Ya sabes que para ti la estabilidad emocional es importante; pues no te enredes con quien no te la brinda y listo. No esperes ‘peras del olmo’, no insistas si ves que el otro va para el sur cuando tú quieres ir para el norte. Tira tus señales a ver si alguien las recoge como son, sin tergiversar nada. Y a tus padres, perdónalos, ámalos de una manera distinta a la que ellos lo hicieron, dales esa consistencia que a ti te faltó. Deja el rencor, pues este le quita espacio al amor, se opone a él, lo aniquila, lo esconde y lo maltrata.

¿Crees que debes revisar tu historia? ¿Conoces a alguien cercano a quien le vendría bien hacerlo? En la “Guía práctica para vencer la dependencia emocional” de Walter Riso podrás encontrar diferentes maneras de llegar a la raíz de ciertos desórdenes afectivos y, de esta manera, vencer el apego en tus relaciones amorosas. Es hora de dejar atrás todo aquello que impide amar con libertad y armonía. Comienza a darle un giro a tu relación de pareja  y a tu desarrollo emocional aplicando lo que hay en esta obra. ⬇