Es preferible tener un ojo hinchado y no la dignidad maltratada

Redacción Editorial Phrònesis

Muchos de los temores que nos encontramos en la vida comienzan a vencernos desde la mente; tal vez por la angustia a resultar heridos físicamente o en nuestro ego, optamos por la opción más “segura”. Es una reacción instintiva, que nos protege naturalmente de los riesgos y peligros del mundo. Sin embargo, dista mucho de traernos beneficios a largo plazo, pues ceder a los miedos a la primera, significa poner la dignidad de tapete para ser pisoteada por quien bien le parezca.

En esta entretenida anécdota que marcó la niñez de Walter Riso, podemos ver un contundente mensaje para entender con claridad en qué consiste este punto:

Guía práctica para mejorar la autoestima – Walter Riso

Paso 23: No caigas en la evitación de problemas, ¡enfréntalos!

En cierta ocasión, cuando tenía diez años, salí a caminar por el barrio con una vecinita a la cual yo consideraba “mi novia” y supongo que ella me consideraba “su novio”. Al llegar a una esquina donde solían reunirse una serie de  muchachos mayores que no pasaban de una edad adolescente, uno de ellos levantó la falda de mi amiguita y le acarició la nalga. Al ver el tamaño de mi oponente y el festejo de sus acompañantes ante la hazaña, sólo opté por agachar la cabeza y seguir caminando junto a ella como si nada hubiese pasado.

El trayecto de regreso se hizo interminable. Al llegar a casa mi padre me vio evidentemente preocupado y me preguntó qué había ocurrido. Cuando le expliqué lo sucedido entre lamentos y autorreproches, me miró fijamente a los ojos y dijo:

— Mira hijo, lo que te acaba de pasar es sumamente incómodo. A mí también me ocurrió algo similar alguna vez. Si dejas que el miedo te venza, te cogerá ventaja.

Luego de meditar unos segundos, agradecí el consejo y me levanté rumbo al televisor. Pero yo no había entendido bien la cosa. Mi padre me tomó del brazo y explicó con voz firme:

— No me has entendido. Tienes dos opciones: o sales a enfrentar a esos idiotas o te las ves conmigo.

Realmente no dudé mucho de la elección. Mi padre era un napolitano inmigrante de la Segunda Guerra Mundial que cuando se ofuscaba era de temer. Opté entonces por la salida más digna, aunque obligada, de salvar el honor mancillado. Así lo hice; regresé y los enfrenté. De más está decir que la hinchazón y el morado de los ojos duró varios días.

Sin embargo, también debo reconocer que valió la pena. Mi amiguita descubrió en mí a un verdadero príncipe azul, levanté prestigio frente a mis amigos y otras niñas comenzaron a mostrarse interesadas por esa mezcla rara de amante latino y pequeño aprendiz de karateka. Pero lo más importante fue la enseñanza que me dejó la experiencia en el aspecto psicológico. Luego de la pelea, mi padre me estaba esperando con hielo, aspirinas y cierto aire de orgullo mal disimulado.

—Muy bien —me dijo—, es preferible tener un ojo hinchado y no la dignidad maltratada.

Esa noche dormí como nunca lo había hecho antes. Maquiavelo dice: “Los fantasmas asustan más de lejos que de cerca”.

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Como este fragmento, hay muchas más historias, enseñanzas y útiles consejos en la “Guía práctica para mejorar la autoestima” de Walter Riso que te mostrarán la mejor manera de darle un giro a la visión negativa que tienes de ti mismo al reconocer, sin vergüenza ni temor, las fortalezas y virtudes que posees e integrarlas al desarrollo de tu vida para hacerla más saludable y llevadera. Conócela aquí: ⇓