Elimina de tu léxico la frase “No soy capaz”

Redacción Editorial Phrònesis

Muchas veces, sin pensarlo, nos tratamos de forma poco asertiva, usamos palabras que nos van inmovilizando de a poco la mente y nos van generando traumas que, posteriormente, se van a ver reflejadas en nuestras conductas.En la ‘Guía práctica para mejorar la autoestima’, se aborda una serie de cuestionamientos que te permitirán ver cómo hacer para revertir los pensamientos negativos: “Soy capaz de hacer todo lo que pretendo”, claro está, siempre y cuando las metas contemplen un contexto objetivo, realista y alcanzable; nada de fantasías irrealizables.

La cuestión es simple. Si te tratas mal y eres irrespetuoso contigo mismo, tu diálogo obrará como un freno. Elimina de tu léxico la siguiente frase: “no soy capaz”, pues cada vez que la repites confirmas tu inseguridad. Esta calificación negativa, automáticamente, empezará a frenarte hasta dejarte inmóvil.

Si el entrenador de un deportista le dijera antes de salir al ruedo “no eres capaz” ¿Crees que su resultado sería bueno? .

Así también, muchas personas han vivido en carne propia los efectos de la desconfianza familiar:

“El niño no es capaz, mejor hazlo tú.” ¿Cómo te sentirías si en el trabajo tu jefe eligiera darle un encargo especial a un compañero tuyo con el argumento de: “Le di el trabajo a Juan porque usted no es capaz”?

Aunque no seas consciente de ello, las consecuencias psicológicas de decirte a ti mismo: “No soy capaz”, son tan contraproducentes como cuando te lo dicen otras personas. Si te dices: “Soy un inútil”, “Soy un fracasado”, “Soy un idiota”, terminarás siéndolo. Cada vez que te encuentres rumiando el nefasto: “No soy capaz”, aléjalo y expúlsalo de tu mente. Detén el pensamiento, diciéndote:”¡Para!”, “¡No más!”. Cambia de actividad, habla por teléfono, escucha música, canta en voz alta u orienta tu diálogo positivamente, pero no dejes que un pensamiento negativo arrastre otro y tu mente se convierta en una cadena de pensamientos autodestructivos. Por ejemplo, puedes decirte: “Esta manera de hablar no es sana para mi salud mental. Nadie es totalmente capaz o incapaz. Además, debo darme otra oportunidad. Esta forma de tratarme me inhibe, me vuelve inseguro y dubitativo. Ya es hora de que empiece a respetarme y a tratarme bien. Si me lo propongo, seré capaz“.

Ahora, esos propósitos que buscas deben contemplar un contexto objetivo, realista y alcanzable. Tal como se expone en el libro “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz”, en terapia cognitiva, a la búsqueda de metas fantasiosas y salidas de contexto se le conoce como «depresión autónoma» y se origina cuando intentamos conseguir ciertos objetivos inalcanzables de crecimiento y autorrealización. Esta actitud se ve reforzada por dos esquemas negativos que nos inculcan de pequeños e interactúan entre ellos: «Los buenos no fracasan nunca» y «Si te va mal una vez, volverá a repetirse». Más mandatos negativos que absorbemos con resignación, uno fundamentado en el pensamiento extremo o dicotómico («nunca», «siempre», «todo», «nada») y el otro en el fatalismo más recalcitrante («volverá a repetirse»). No cabe duda de que esta manera de pensar, también te puede llevar al borde del abismo.

De ser necesario, evalúa el contexto y las metas de vez en cuando y, si es necesario, replantéalas. Recuerda: “las personas normales dudan y se contradicen: las «creencias inamovibles» son un invento de las mentes rígidas”., pero eso sí, nunca recurras ni te dejes doblegar por los pensamientos negativos y repite de nuevo: “Si me lo propongo, seré capaz”.