¿El sexo puede sustituir al afecto?

Redacción Editorial Phrònesis

Hay que decirlo una y otra vez hasta que se quede grabado en nuestra esencia: el sexo no reemplaza la ternura ni suple el afecto. Sin embargo, hay ciertos casos en que influye para que el autocontrol emocional se pierda y asomen vestigios de afecto.

De hecho, si se hace un análisis detallado, podría verse que las expresiones y manifestaciones amorosas tienen más que ver con la pasión carnal que con la ternura. 

Recuerda: desear no es amar, así a veces marchen juntos y revueltos.

Las personas que son víctimas de amores indiferentes suelen ver en el deseo sexual de su pareja una forma incipiente de afecto en tanto que, durante el coito, la frialdad parece disminuir.

Una mujer de cuarenta y ocho años, que vivía con un típico esquizoide (una persona que sufría de esquizofrenia), explicaba así su estrategia de supervivencia afectiva:

“Cuando lo siento más expresivo, más mío o más ‘normal’, es durante el acto sexual… Ahí me convierto en el centro único de su atención y a veces, cuando está muy excitado, me acaricia y abraza. Una vez me susurró algo y cuando le pregunté ilusionada qué me quería decir, perdió la erección.

Así es que con el tiempo fui incrementando la frecuencia de las relaciones sexuales para suplir la frialdad de la vida cotidiana.

Él cree que soy una ninfómana descontrolada y en realidad no soy más que una mujer que desea sentirse amada e importante para él. Parecería que cuando se quita la ropa, también se quita la coraza… Sé que no es la ‘gran ternura’ que una esperaría, pero es lo más cercano  que alcanzo a obtener”.

Al entrevistar a este hombre, se hizo notoria e, incluso, obvia su “desconcentración” en los momentos íntimos con su mujer. Muy al contrario de lo que ella quería pensar, él sólo se enfocaba en la información placentera de su propio cuerpo.

Sexualidad no es lo mismo que ternura, aunque no son incompatibles. Si bien es cierto que durante las relaciones sexuales los mecanismos de defensa ceden y se ablandan, la fisiología de la ternura recorre otros caminos, más sensibles y cariñosos que lo genital.

Sin embargo, cuando la indiferencia es crónica y responde a un patrón de personalidad establecido, el sexo no pasa de ser eso: sexo puro y, si bien el deseo relaja músculos y tendones, la frialdad afectiva no cede un ápice.

Todo se reducirá a una fisiología concentrada en el placer por el placer. Si te quieren de verdad, el afecto no siempre estará pegado al sexo.

Encuentrá más detalles de este y muchos temas más en la “Guía practica para no sufrir de amor” de Walter Riso.