El poder afectivo lo tiene quien necesita menos al otro

Redacción Editorial Phrònesis

La adicción afectiva es una enfermedad, no importa cómo la queramos presentar, no importa el envase: el apego es la incapacidad de renunciar a la pareja cuando debe hacerse. ¿Y cuándo debe hacerse? El psicólogo y escritor Walter Riso, nos dice en su ”Guía práctica para vencer la dependencia emocional”, que al menos en tres situaciones: cuando ya no te quieren, cuando tu autorrealización se ve bloqueada o cuando tus principios se ven afectados.

Las parejas suelen acomodarse, tratando que la diferencia entre ellos sea lo más llevadera posible. Desapegarse un poco y distribuir mejor el poder. No es una revolución ni una gesta por la libertad total y definitiva, sino una forma amable de compartir y negociar las respectivas adicciones.

Cuando se habla de «desapego», no se trata de dejar de amar o despreocuparse del otro; se trata de amar de una forma más tranquila y libre. Es decir, amar con independencia (poder hacer un uso adecuado del tiempo personal), de una manera no posesiva (nadie le pertenece a nadie) y sin la necesidad imperiosa del otro (manejar la soledad y tener actividades sin la presencia de la pareja). Si eres capaz de decidir sobre tus tiempos, no sentirte «de nadie» y poder andar a solas por la vida, entraste al terreno de un amor maduro.

Lo que te proponemos es  algo menos universal y más localizado: ser «similarmente dependientes” e ir trabajando juntos un desapego personalizado. Para esto te invitamos a trabajar en los 13 pasos para amar con independencia y libertad que Walter Riso trae en su «Guía práctica para vencer la dependencia emocional». Conócela a continuación: