El mito del amor eterno

Extraído de la “Guía práctica para no sufrir de amor” de Walter Riso

En la “Guía práctica para no sufrir de amor”, el prestigioso psicólogo y escritor Walter Riso analiza 3 mitos comunes que generan concepciones erróneas y pensamientos idealizados que perjudican el buen amor:

  • Mito 1: “Si hay amor, no necesitas nada más”.
  • Mito 2: “El verdadero amor es incondicional”.
  • Mito 3: “El amor es eterno”.

Sobre este último, a continuación compartiremos un fragmento de esta guía donde Walter Riso lo analiza:

Guía práctica para no sufrir de amor – Walter Riso

“El amor es eterno”

Felicidad conyugal imperecedera, infinita, inagotable. “Reloj no marques las horas”: presente continuo. Si el amor tiene su propia inercia, su propia dimensión temporal, si es inmortal e indestructible, ¿qué papel juega uno en su mantenimiento? Una vez instalado, ¿el amor manda? ¿No puedo acortarlo, alargarlo o modificarlo? Es el síndrome de la asfixia amorosa: el amor no te toca, sino que se incrusta por siempre. Y hay más: si nos gusta el pensamiento mágico o somos amantes de la Nueva Era, el amor puede sentirse en quinta dimensión: no solo funciona en esta vida sino en las otras. Fusión total e irremediable, almas gemelas que vagan por el cosmos hasta reencontrarse nuevamente para alcanzar el amor perfecto.

Por desgracia para los soñadores, el enamoramiento o amor romántico es de tiempo limitado (más o menos de dos a tres años). El amor pasional, si no haces nada para mantenerlo activo, tiende a bajar, esa es su dinámica natural. Un pacto inteligente: “Hasta que la muerte nos separe, si todo va bien…”. Benjamín Franklin decía: “Ten los ojos bien abiertos antes del matrimonio, y medio cerrados después”. Llámese casorio, noviazgo o relación de amantes, la “atención despierta” es imprescindible para sobrevivir en pareja.

El mito del amor eterno lleva implícito la idea de la certeza. Si ya me enamoré y soy correspondido, se acabó definitivamente la soledad y ya no habrá incertidumbre sobre mi futuro afectivo.

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