El estrés por la obsesión de ser perfecto

En el afán de ser perfectos, las personas desarrollan una serie de características específicas. Una persona perfeccionista suele tener las siguientes características:


Excesiva atención en los detalles: se fijan en los mínimos detalles para garantizar que tienen control sobre sí mismos y su entorno.

Demasiada autoexigencia: no se permiten cometer errores, tienen estándares muy altos de desempeño y siempre creen que pudieron dar más.

Expectativas negativas acerca de su desempeño: por tener estándares tan altos, tienen una visión pesimista de sus logros; consideran que no están lo suficientemente preparados para lograr la excelencia y se preocupan por ello.

Altos niveles de ansiedad. Mantienen altos niveles de aprehensión o alerta, ante la posibilidad de no tener el control sobre las situaciones que deben afrontar.

Pensamiento rígido e inflexible. El hecho de asumir que las cosas solo se deben hacer de manera perfecta, afecta su creatividad y espontaneidad.

Sacrificio de la eficiencia por la eficacia. La idea de tener que hacer todo bien, les lleva a gastar más energía y dedicar más tiempo a las actividades que realizan, lo que les genera más perturbación y ansiedad.

Disminución de la autoconfianza. El hecho de valorar como insuficientes los logros obtenidos, conlleva la idea de no tener suficientes capacidades o control para afrontar las demandas de su cotidianidad.

Actitud de culpabilidad. Por sentir que pudieron dar más o tener mejores logros, los perfeccionistas suelen culparse a sí mismos y recriminarse por “sus errores y fracasos”.