El cuento del “patito feo” no es una ficción

Redacción Editorial Phrònesis

Increíblemente, aún en nuestros tiempos existen pensamientos retrógrados inculcados desde el interior de las familias en los cuales se considera la belleza física como un valor. Inclusive, si algunos de los niños de su grupo no reúnen las características esperables de lo que se considera “bello”, simplemente no logran vincularse afectivamente a ellos.

No pueden echarlos fuera, pero no se les integra totalmente al núcleo emocional/familiar como a los más guapos. Este “alejamiento estético” es sutil y está plagado de consolaciones compensatorias, como decir, por ejemplo: “No es tan linda, pero tiene otras cosas buenas”.

En la experiencia profesional que deposita el psicólogo y escritor Walter Riso en su “Guía práctica para mejorar la autoestima”, dice lo siguiente: “he visto personas que no se aceptaban a sí mismas por considerarse ‘feas’ o ‘desagradables’ sin serlo, simplemente porque no alcanzaban el ideal estético esperado por su grupo de referencia”.

Para aclarar mejor este punto, el doctor Riso cuenta la siguiente historia. Analízala y reflexiona al respecto:

“Una de mis pacientes mantenía la firme convicción de que no era atractiva, siendo en realidad una mujer bella, además de interesante. Pese a los intentos de persuasión del grupo de terapia, su idea se mostraba inquebrantable: ‘Doctor —decía—, yo le agradezco sinceramente sus esfuerzos y entiendo además que usted jamás me diría que soy fea porque me deprimiría más…’. Para que ella pudiera someter a prueba su creencia irracional y la distorsión consecuente sobre su aspecto físico se diseñó un experimento típico de medición de actitudes. 

La paciente se sentó en la cafetería de una concurrida universidad junto a dos mujeres atractivas elegidas por ella, que hacían las veces de factores de comparación. Se le pidió a un grupo de cien estudiantes, hombres y mujeres, que evaluaran en una escala de uno a diez el grado de belleza y sensualidad, tanto de la paciente como de las otras dos mujeres que ella había seleccionado. Una vez procesados los datos se encontró que alrededor del 90 % de los observadores habían opinado que mi paciente era una persona bella, sensual, atractiva y deseable. Al ver los resultados, la paciente se mostró sorprendida. Pensó un rato y luego dijo: ‘Es increíble… No sé qué decir…¡Jamás pensé que la gente tuviera tan mal gusto!’”.

¡Tremenda reacción! ¿Qué piensas de la respuesta de esta mujer? Aunque no lo creas, casos como este, abundan por doquier. Walter Riso, ha logrado reunir una gran variedad de herramientas poderosas para combatir la autoestima. Conócelas en su “Guía práctica mejorar la autoestima”.