El camino a la asertividad: 8 pasos para expresar firmemente tus opiniones

Redacción Editorial Phrònesis

¿Eres de las personas que siente temor al expresar una idea o asumir una posición? ¿Crees que pensar distinto es estar equivocado y que eso te excluye? ¿Te sientes incapaz de expresar y defender tus ideas de manera firme? ¿Prefieres renunciar a tus libertades o derechos a cambio de ‘aceptación’, para ‘guardar las apariencias’ o para no suscitar discusiones? Si son afirmativas tus respuestas, cuidado, estás pagando un precio muy alto; renunciar a tus derechos no vale la pena.

Es concluyente, defender lo que pensamos mejora y evidencia nuestra autoestima. Ser asertivo significa ser capaz de ejercer y/o defender los derechos personales: decir ‘no’, expresar desacuerdos, dar una opinión contraria y/o expresar sentimientos negativos sin dejarse manipular (como lo haría una persona sumisa) y sin violar los derechos de los demás, (como sí lo hace una persona agresiva). Esta es la clave; la asertividad es un punto medio entre extremos: entre aquel que se arrodilla y entre aquel que aplasta al otro. Ser asertivo implica la defensa de los derechos, pero sin lastimar a nadie. Me refiero a ‘ser nosotros mismos’, a expresar con respeto lo que pensamos sin estar condicionados por las presiones de otros, de tener la capacidad de ser únicos.


El siguiente esquema de cuestionamientos funciona como un árbol de toma de decisiones que permite reflexionar sobre cada aspecto de la asertividad. La automatización, de los siguientes 8 pasos, va familiarizando a las personas con el proceso de toma de decisión necesario para defender los derechos y las opiniones personales:

1. La situación provocadora que me impulsa ¿es real o es producto de mi imaginación?
Debes estar seguro de que no haya fallas en tu percepción. La persona que aparentemente ha violado tus derechos puede haberlo hecho sin intención o debido a una desafortunada equivocación. No se trata tampoco de excusar el comportamiento de quien vulnere tu posición, sino de asegurarse de que en verdad existe la afrenta. 

2. ¿Qué siento y cómo me siento?  Es muy importante discriminar el tipo de emoción que está detrás de la asertividad. La emoción es aquí una señal muy importante, ya que será el motivador afectivo que estimule tu conducta. Existen motivaciones negativas como la envidia, llamar la atención o la competencia insana, que pueden confundirse y desviar el comportamiento asertivo de su verdadera filosofía. La emoción que te empuja es de suma importancia, no la subestimes ni la distorsiones. La indignación es la más común, entendida esta como cólera ante la injusticia.

3. ¿Es vital para mí responder a esta situación?

Es un momento álgido en la toma de decisión: ¿Es vital ser asertivo o puedo dejar pasar el hecho sin sentirme violentado? ¿Estoy respondiendo a una provocación insustancial e insignificante,  o se trata de algo verdaderamente importante para mí? Para responder estas preguntas debes tener en cuenta no sólo lo que estás sintiendo, sino además tu código moral y tus más profundas convicciones.

4. ¿Cuál es mi meta?

Si tú no tienes claro hacia dónde apuntas y qué esperas lograr con la asertividad, tu comportamiento perderá fuerza y dirección. Es probable que termines desviándote de tus propósitos iniciales. Durante el diálogo asertivo, el objetivo original debe tenerse siempre presente.

5. ¿Qué consecuencias negativas espero?

 Ya sabemos que en la mayoría de los casos a la gente no le va a gustar que seas asertivo.Detente a pensar cuáles son las consecuencias negativas que esperas de tu interlocutor; haz una lista. La práctica enseña que cuando se logran niveles aceptables de asertividad, la capacidad de anticipar consecuencias negativas mejora sustancialmente.

6. ¿Tengo alternativas de respuesta claras a las consecuencias probables?

Esta pregunta es muy importante, porque tú puedes disponer de todas las habilidades requeridas para ser asertivo, y aun así, no ser capaz de asumir el costo psicológico o no tener opciones de respuesta. Para cada consecuencia esperada, intenta planear algunas alternativas de respuesta. 

7. La ejecución del comportamiento.

Ahora hay que estructurar el contenido verbal del mensaje asertivo. Lo que vas a decir, o lo que es lo mismo, la meta expresada en forma verbal. Realiza ensayos imaginados. Busca un lugar cómodo, cierra los ojos y recrea la situación provocadora. Imagínate siendo asertivo y reproduce mentalmente cada componente de manera relajada. Si la ansiedad no te deja, saca la mente de la situación un momento, piensa en algo agradable, relájate, y regresa nuevamente a la imagen dónde estás siendo asertivo. La preparación imaginaria te dará más seguridad a la hora de ejecutar la conducta in situ. Y cuando creas que estás listo, sé atrevido, arriésgate, auto-obsérvate y evalúa tu desempeño de la manera más objetiva posible, es decir, sin lastimarte.

8. Autoevaluación. 

Después de ejecutar la conducta asertiva, haz una recopilación de lo que hiciste bien y mal. Evalúa si la meta se cumplió, si fallaste en alguno de los siete puntos anteriores, considera los aspectos débiles y las fortalezas; felicítate por intentarlo.

Esto y mucho más podrás aprender con la ‘Guia práctica para no dejarse manipular y ser asertivo’. La asertividad fortalece el amor propio y la dignidad, permite una mejor defensa psicológica y nos  hace más seguros, facilita la  libertad emocional y el autoconocimiento, ayuda a resolver problemas y a mejorar la comunicación. Úsala siempre.