El buen amor comparte el dolor y festeja la alegría

Por Walter Riso

Es el cara a cara de cualquier relación normal. No solo compartes sexo, hijos, deudas o amigos, también intercambias estados de ánimo. Este flujo de ida y vuelta garantiza el equilibro emocional y por eso es importante mantenerlo vivo y despierto: no solo te comunicas verbalmente, tu cuerpo habla y transmite lo que sientes en cada gesto y cada postura.

El asunto se complica cuando alguien de la pareja muestra al menos uno de los siguientes impedimentos: (a) incapacidad de descifrar lo que el otro siente (analfabetismo emocional), y/o (b) indiferencia, apatía o desgano ante los sentimientos del otro (indolencia amorosa).

El buen amor requiere de cierto contagio, de una compenetración emocional a fondo. ¿Cómo ignorar la felicidad o la tristeza del ser amado? Ni siquiera es un compromiso; simplemente ocurre si hay suficiente afecto, porque amar es abrir las compuertas y bajar los umbrales: te pienso, te siento y también hago contacto. Pero esta reciprocidad, básica e imprescindible, no siempre está presente. Hay sujetos egocéntricos que les cuesta salirse de sí mismos y les cuesta ponerse en el lugar de los demás: “Ni tu alegría me alegra ni tu dolor me duele”.

“No es cosa mía”, afirmaba una mujer al ver como su esposo se hundía cada vez más en la depresión. Le pregunté por qué no le dolía verlo sufrir y su respuesta fue: “¡Es que no tiene motivos serios para ponerse así!”. Si tu pareja necesita que tu dolor esté bien “fundamentado”, sea “objetivo”  y  “lógico” para preocuparse por ti y ayudarte, quizás no te ame. No digo que necesariamente haya crueldad, pero son demasiados requisitos para una conducta de ayuda/ compasión que debería surgir de manera natural.

Llegas a tu casa y ves llorar a tu pareja, ¿acaso no te importa su dolor? ¡Qué más da que sea racional o irracional! Lo primero es socorrerla, estar allí, apoyarla. Quizás te parezca que exagera y sientes que en su lugar tú no reaccionarías de igual manera, ¿y qué? ¿Acaso por eso su sufrimiento en ese momento es menor? Le duele igual, la perturba igual, por absurdo  que pueda parecerte. Respáldala, y luego, cuando esté mejor y más tranquila, repasa junto a ella los por qué, lo cómo y los cuándo. El “análisis” hazlo a posteriori. Decir que el dolor de la persona que amas no te importa porque es “estúpido”, te hace estúpido.

Compasión (compartir el dolor) y congratulación (festejar la alegría) son dos emociones que deben estar presentes para que el amor pueda sentirse a plenitud.

Por lo anterior, y mucho más, te recomiendo la lectura de mi ‘Guía práctica para no sufrir de amor’. Esta guía tiene por objetivo crear un espacio de reflexión para desarrollar estrategias y esquemas afectivos y cognitivos resistentes al “mal de amor”. Nos han vendido la idea de que amar es sufrir, que ambas emociones son inseparables y que, como un castigo del destino, no podemos escapar a ello; falso, es la mentira más grande.