El apéndice emocional que debes extraer de inmediato

Redacción Editorial Phrònesis

Los seres humanos somos seres inevitablemente emocionales. Cada día, manifestamos una gran cantidad de alteraciones en el ánimo que nos permiten sacar a flote una interesante diversidad de sensaciones producidas por la mente. 

A diferencia de las otras emociones, de la depresión no se saca ningún provecho ni aprendizaje. Podríamos vivir sin su presencia perfectamente. No aporta nada, es como un apéndice emocional que nos permitirá seguir con nuestras vidas así se extirpe. Es una de las tantas exclusividades negativas del género humano. Los animales se entristecen, pero no se deprimen. Por más que busquemos, nunca vamos a encontrar un rinoceronte suicida, una vaca masoquista o una jirafa maníaco-depresiva. Los animales no se autodestruyen, según el ciclo de la vida, mueren.

Walter Riso recomienda revisar la siguiente comparación para reflexionar acerca de este punto en su “Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones”:

1. En la depresión siempre hay baja autoestima y desamor personal; en la tristeza, el sujeto sigue queriéndose a sí mismo.

2. En la depresión hay un claro sentido de autodestrucción; en la tristeza, no.

3. La persona depresiva busca aislamiento y soledad afectiva; la persona triste permanece efectivamente conectada.

4. En el individuo depresivo, la baja del estado de ánimo afecta todas las áreas (sexual, social, laboral); en la tristeza, aunque el rendimiento disminuye un poco, el sujeto es capaz de desempeñarse de una manera relativamente aceptable.

5. La depresión dura meses, mientras la tristeza no suele pasar de una o dos semanas.

Esa sensación de “no quiero hacer nada” que despierta en ocasiones con nosotros, ese primer vistazo de mala gana por encima de la cobija en el cual vaticinamos un día lleno de estampidas demoledoras y un incisivo “¡qué hartera!” se apodera de nuestro espachurrado ser amanecido, son señales inequívocas: la depresión anda rondando.

Mientras la tristeza reduce la velocidad, la depresión frena en seco y daña el motor. A la tristeza hay que dejarla en paz para que haga su trabajo, a la depresión hay que sacarla a la fuerza. La depresión es el luto del alma, el llanto de Dios. La tristeza es un jalón de orejas para seguir viviendo, un momento, un refugio para encontrarse a sí mismo y cargar gasolina.

De la misma manera, podemos confundirnos entre el carácter bueno o malo de ciertas emociones, desperdiciando el potencial inherente a nuestras capacidades en algunas de ellas y reteniendo otras que, simplemente, sería mejor apartar de nosotros.

Aprender el manejo de las emociones es fundamental para el correcto desarrollo de nuestras fortalezas, podemos arrancar de raíz tantas condiciones psicológicas como emociones malignas ha creado nuestra mente. Estos son temas que Walter Riso aborda ampliamente en su nueva “Guía práctica para descubrir el poder sanador de las emociones”. A través de los contenidos de esta lectura, podrás experimentar la visión de tu vida desde una perspectiva diferente, llena de salud y armonía.