Diez premisas para amar sin renunciar a lo que somos

Redacción Editorial Phrònesis
Intimate moments – young couple embracing and hugging in nature

Las ‘Guías prácticas’ del psicólogo y escritor Walter Riso han sido herramienta y testimonio de muchas personas que han aprendido a llevar una vida emocional saludable, gracias a sus contenidos y pautas, que sugieren hacer del amor una experiencia plena y gratificante.

 Hoy, compartimos contigo algunas reflexiones que, extraídas de estas guías, nos enseñan cómo amar sin renunciar a lo que somos.

Walter Riso nos indica que “hay que pasar del ‘amor incondicional’, a un amor ‘capaz de fijar condiciones’ para que sea viable, sostenible y placentero. Si quieres mantenerte dentro de los límites de una relación madura y saludable, no utilices categorías absolutas. Flexibiliza la mente y reubica tus deseos en la realidad concreta que te toca vivir”.

Amar de manera racional es incluir las excepciones a la regla en la manera de procesar la información afectiva. Un amor dogmático pierde la capacidad de ser creativo y reinventarse a sí mismoUn amor flexible mantiene su capacidad de crítica y autocrítica e intenta evitar los extremos dañinos y la normatividad ciega.

 Estas 10 premisas te ayudará a amar sin renunciar a lo que eres:

  1. No pierdas el tiempo con quien no quiere dialogar ni negociar.

    La calidad de vida no es negociable, como tampoco lo son tus principios. Para negociar se necesitan dos que quieran hacerlo. Respeto y ganas. Si alguna de las partes no es veraz, se está perdiendo el tiempo. Un diálogo en serio implica pasar del “yo quiero” al “nosotros argumentamos”. No pierdas el tiempo con quien no está interesado, no te toma en serio, no dice lo que piensa y siente, esconde alguna mala intención o no te escucha con el interés necesario.


  2. No esperes ‘peras del olmo’.

    A veces el amor o la esperanza nos ciegan. Es importante partir de lo que en verdad somos y tenemos. He visto a mujeres y hombres sufrir de la manera más angustiosa, a la espera de un cambio en su pareja que nunca llega. No esperar ‘peras del olmo’, como dicen, significa no hacerse falsas ilusiones y ser realista. Si tu pareja te ha sido infiel varias veces, ¿por qué deberías esperar fidelidad? ¿Perdonar? Sí, claro, pero eso nada tiene que ver con la reincidencia. Puedo perdonar y dejar de amar o puedo perdonar y alejarme por pura previsión y salud mental. No digo que la gente no pueda cambiar, pero debes tener seguridad de que tal cambio sea posible y que valga la pena esperarlo.


  3. No te esfuerces en explicar lo obvio.

    Una mujer se pasaba gran parte de su tiempo explicándole al marido por qué era importante que no la insultara y no maltratara a los hijos, como si de tanto insistir, remachar y remachar, se fuera a generar en él una especie de iluminación tardía. Si tu pareja te maltrata o te impide ser tú, sólo hay que actuar, no tienes nada que explicarle o enseñarle. No quiero decir con esto que debamos reducir la comunicación a cero y nunca argumentar. Lo que digo es que hay situaciones en las que las palabras sobran y el solo hecho de querer deliberar nos hace indignos.


  4. Comprométete con tu persona e intenta ser coherente.

    Define exactamente qué quieres hacer de tu vida. Cuáles son tus proyectos, qué tipo de relación quieres, cuáles son tus metas u objetivos esenciales. Hazlos explícitos y comprométete con ellos. Trata de mantener activa la razón vital que te determina y el sentido de vida que elegiste. Este es el primer paso: tomar conciencia de quién eres y para dónde vas. Luego, debes actuar en concordancia con esas metas, con la dirección que dictaminan tus sueños y anhelos. Cuando actúas en contra de tus principios, te violentas internamente, te traicionas, intentas ser lo que no eres. Ser coherente significa que tus teorías y sentimientos concuerdan con tus comportamientos. No hablo de ser intransigente, porque la coherencia del sabio no es dogma sino flexibilidad. Me refiero a que trates de reafirmar tus puntos de vista personales y ejerzas el derecho a la defensa, que nada tiene que ver con la irracionalidad del que se las sabe todas.


  5. Practica el individualismo responsable.

    Puedes amar sin destruir tu “yo”. Practicar el individualismo responsable implica mantener vivo el amor propio en la relación que hayas elegido. Preocuparte por tu pareja, pero también por ti mismo, para que de este modo resaltes tu singularidad en un contexto imprescindible de intercambio. Defender el “yo” significa oponerse a todo intento de sacrificio irracional. Cambiar la abnegación sumisa por una dedicación amable que no te excluya.


  6. Eres persona, no cosa.

    Muchas víctimas del abuso se olvidan de que son personas, que merecen ser escuchadas en serio y ser respetadas. Te cosifican cuando te quitan el ejercicio de tus derechos, cuando tus pensamientos y sentimientos no son tenidos en cuenta, cuando no te consideran un fin sino un medio, cuando te manipulan, maltratan o explotan. Ser cosa, es ser un objeto, es eliminar la esencia misma de la condición humana. Los objetos son desechables, las personas no; por eso, mereces respeto. No tienes el derecho a que te amen, pero sí a que te traten bien, a que no te mientan. La esclavitud en nombre del amor, no es amor; no importa cuál sea el lavado cerebral que te hicieron, ni qué tan masoquista seas.


  7. Discrimina entre sufrimiento útil y sufrimiento inútil.

    El sufrimiento útil es el duelo. Un dolor progresista, que te enseña a perder y a no seguir esperando lo imposible. La realidad a veces es dolorosa, pero te ayuda a ubicarte. Romper con alguien a quien amas no es fácil, porque el principio del placer es impositivo y persistente. Pero, si en cambio, estás en una relación afectiva en la que los malos momentos superan con creces los buenos, pregúntate a dónde te conduce ese sufrimiento. El sufrimiento inútil funciona como las arenas movedizas: cuánto más intentas salir, más te hundes. Por eso, si no hay nada más qué hacer, si ya has intentado de manera razonable hallar una mejoría en la relación y nada has logrado, conéctate a un sufrimiento útil, asume la pérdida, deja que el duelo arranque. El sufrimiento inútil no se agota y puede durar siglos. El sufrimiento útil tiene un fin, suelta los lastres y te limpia por dentro.


  8. El buen amor es recíproco.

    La reciprocidad es la base de un amor justo. Cuando damos amor, esperamos amor, porque las relaciones afectivas de pareja se alimentan del intercambio. ¿Cómo no esperar fidelidad si eres fiel? ¿Cómo no esperar ternura si das ternura? No se trata de avaricia sino de altruismo recíproco: juntos somos más, juntos es más fácil. Si no te sientes gratificada o gratificado, si tus manifestaciones de ternura o sexo se pierden en un amor tipo esponja, que todo lo absorbe y nada o muy poco devuelve, tu sentimiento, a no ser que seas un santo o una santa, se irá convirtiendo en indignación cólera ante la injusticia, la vivencia de que no obtienes lo que mereces. El amor es de doble vía, no importa lo que digan. El amor saludable prospera cuando el proceso dador-receptor se encuentra en equilibrio.


  9. No practiques la victimización, ni la autocompasión.

    A veces, sin darnos cuenta, entramos pasivamente en una serie de juegos de presión y manipulación. El sujeto dominante puede utilizar varias estrategias para bloquear al otro y llevarlo a la autocompasión.
  10. Para vivir en pareja, el amor no basta.

    ¿Acaso te quedan dudas? El realismo no se opone al amor: lo modula, lo aterriza, lo vuelve más humano y menos celestial. El sentimiento amoroso no garantiza por sí solo una buena convivencia de pareja, para eso se necesitan otras habilidades distintas al querer. Esta afirmación, que debería resultar evidente para el sentido común y las observaciones de la vida diaria, ha sido descartada por la cultura del enamoramiento y reemplazada por la idea de que “el amor todo lo puede”, hasta hacernos felices en un matrimonio desgraciado. Los sentimientos son necesarios pero no suficientes para estar en pareja. Tener una pareja no es la única forma de realización ni la única manera de alcanzar una vida feliz. Mejor pon el amor en su sitio y si tienes algo de agallas, desafíalo: “Si no eres un buen amor, prefiero no tenerte”.