Descuidos de los adultos ante un divorcio con niños de por medio

La alteración emocional y de la propia rutina en la que se ven inmersos los adultos cuando les compete involucrarse en la realidad judicial de un divorcio, frecuentemente los hace entrar en un torbellino en el que pierden de vista el objetivo principal que es resolver una circunstancia disfuncional y, seguramente redactado al inicio de sus respectivos escritos, “propiciar el bienestar para el desarrollo de los hijos” (cuando los hay de por medio).

Entonces se descuidan los detalles que comentan a los hijos, transmitiendo muchas veces un exceso de información y también de detalles que generan una relación disfuncional entre los adultos. Asimismo se emiten prejuicios, juicios y opiniones en relación al otro padre minimizando el hecho de que podría afectar negativamente la figura interna de referencia, apoyo y contención que pudiera tener el pequeño en su mundo íntimo.

Los roles erróneamente asignados

En estos panoramas en los que reina la confusión, los padres en ocasiones asignan roles a los hijos que son profundamente dañinos, aún cuando lo hagan sin la voluntad de que así sea.



Algunos de estos roles son: el de informante de la realidad del otro padre en los tiempos que comparten con ellos, el de mensajero de opiniones o recados que por la propia circunstancia no se atreven a dar personalmente, el de custodio de otros hermanos –o hermanas- menores o que  se consideran bajo condiciones de mayor vulnerabilidad ante posibles malos tratos o manipulaciones del adulto a cargo en ese momento.

Ponerse por un momento en la piel de los pequeños que viven en medio de esta presión de tener que obrar un complejo rol por lealtad al padre solicitante, es un semillero de malestar del que germinarán factores que propician trastornos mentales y emocionales.

Este panorama tan sombrío para los niños, en medio de una contienda entre los padres, transforma innecesariamente su infancia en un día a día que se halla teñido del temor a las consecuencias que pudieran tener en la calidad de la propia vida y la de cada uno de los padres y en el destino de los vínculos entre ellos mismos con sus progenitores.

Al interior de los hijos la información excesiva y los detalles innecesarios en medio de procesos judiciales por separación o divorcio nunca suman, siempre destruyen. Es esta una invitación a incrementar la conciencia al respecto porque el daño en la generación que sigue ya está siendo profundo y extendido.