Decirte adiós es la mejor decisión que he tomado en la vida

“No todo desamor es malo y no todo amor es sostenible”, Walter Riso.

Estuve seis años con él. Seis años donde los idilios de amor duraban poco y las tormentas eran constantes. Al principio (como en la mayoría de las relaciones) todo era perfecto, las salidas, los besos, el sexo, y el sentimiento que con el tiempo decidí llamarlo “amor”. Lo amé, amé cada momento a su lado, cada experiencia que vivimos juntos, cada beso que nos dimos, pero sufrí, lloré por él lo que nunca por nadie, y me surgió una pregunta: ¿Cómo la persona que más amas es quien más te hace sufrir?  

Creo que viví mi propio duelo cuando no podía dejar de llorar, de sufrir, de pasar noches enteras sin dormir y días en los que ni me apetecía comer. Viví mi duelo en cada pelea, en los malos tratos, en las mentiras e infidelidades. Al final pensé en haberme secado, que ya no tenía más lágrimas que llorar ni un corazón que dar. En medio de mi neutralidad, quise buscar un poco de ayuda, algo que me dijera que podía estar tranquila de nuevo, y lo encontré: unas maravillosas herramientas que no solo me ayudaron a sanar las heridas que te dejan un amor tóxico, sino también me ayudaron a encontrar paz y bienestar en mi vida. Hoy sonrío, vivo mi día a día con mucha más serenidad, y aunque tengo las cicatrices de un viejo amor, puedo decir que estoy feliz de haberle dicho adiós.