Cuando la confianza se ha perdido…

Redacción Editorial Phrònesis

La relación de amantes (estable, permanente y reiterativa) es la más fuerte de las estafas sentimentales y la que mayores consecuencias psicológicas conlleva. Por definición, una relación extramatrimonial sostenida necesariamente implica premeditación y alevosía. El incendio está fuera de control y arrasa con todo lo que se atraviesa en el camino. El problema es que el incendiario, sabiendo los daños producidos y pudiendo controlar el siniestro, le echa más leña al fuego. Cabe aclarar que no justificamos la aventura casual y aislada, sino marcando una diferencia fundamental en la manera de ser infiel.

Momento terrible aquel cuando se descubre que la pareja, esa a la que tanto se ama, abrió una sucursal afectivo/sexual a nuestras espaldas. Muy pocos eventos estresantes generan tantas repercusiones negativas y tan variadas. Marido, mujer,  hijos, amigos, familiares, amado y concubina, todos se ven afectados y entran en el revolcón. No queda títere con cabeza.

La infidelidad es una de las principales causas de separación y de violencia intrafamiliar. Si tenemos en cuenta que la duración promedio de una relación de amantes fluctúa entre uno o dos años, es fácil imaginar los desastres, las desventuras y los demandes que pueden ocurrir en tanto tiempo. No hay cuerpo que lo resista, ni frente que lo soporte.

Aunque el infiel también sufre (culpa, miedo, reproches, inseguridad), la víctima del engaño lo hace mucho más. Cuando se descubre la traición, aparece un enredo emocional difícil de precisar: depresión, resentimiento, ira, hostilidad, ansiedad, decepción, venganza, envidia, soledad, aislamiento, frustración y una baja fulminante en la autoestima. La opción de no saber qué pasa tampoco es muy halagüeña, porque de todas manera se percibe el alejamiento afectivo y la frialdad de la pareja: ‘la infidelidad, aunque no se vea, siempre se siente’. Hay una sospecha encubierta: “Algo anda mal”.

Pero el efecto más impactante de la infidelidad es la ruptura de la confianza. El asombro de la mentira inesperada: “Ya no sé si podré confiar nuevamente en ti” o “¿Cómo fuiste capaz de herirme así?”

La certeza de estar con alguien confiable es fundamental para establecer cualquier vínculo interpersonal saludable. Para poder entregarnos verdaderamente y construir una buena relación de pareja, los humanos necesitamos un entorno emocional seguro. Si no obtenemos esta garantía primaria, el amor comienza a patinar.

A esta sensación de sosiego y tranquilidad afectiva la llamamos ‘confianza básica’ y sólo se puede alcanzar cuando se cumplen estos cuatro criterios fundamentales:

  • ‘Estarás ahí cuando te necesite’.
  • ‘Me protegerás cuando sea necesario hacerlo’.
  • ‘Serás sincero en lo fundamental’.
  • ‘Nunca, en ninguna circunstancia, me harás daño intencional’.

Un compromiso de lealtad afectiva gira alrededor de estos cuatro elementos, los cuales suelen ser tácticos, no negociables y ni siquiera discutibles. Cuatro ‘sí’, en vez de uno. Cuando alguno de ellos no se cumple, estamos “durmiendo con el enemigo”.

Si un amigo pide nos pide guardar un secreto importante y nosotros, luego de asumir el compromiso, lo divulgamos solapadamente ¿qué pasaría con la amistad? ¿Qué harías tú en su lugar? ¿Seguirías siendo amigo mío? Puede que accedas a darme otra oportunidad, pero tal vez ya no sería lo mismo. ¿No se habría resquebrajado algo en tu interior? ¿Volverías a creer en mí? ¿Tendría nuevamente tu voto de confianza? Difícil, ¿verdad? Cuando la persona amada nos decepciona, la consecuencia parece inevitable y natural: un rayón en el disco duro y una alteración en la confianza básica.

No se puede traicionar de manera indolora. Si violamos el compromiso fundamental – aunque le agregues arandelas, música, disculpas y defensa – lastimamos.

Algunos sostienen que si el amor es mucho, podrían perdonar la típica aventura (aislada, inesperada, intrascendente), obviamente si no se repitiera. Otros, más ortodoxos, jamás la disculparían: no habría indulto posible. Dos posiciones, dos maneras de amar. No obstante, de lo único que podemos estar seguros, es que si la convicción y la seguridad de poder contar con el otro dejan de existir, el amor se vuelve insostenible.

De seguro muchos de ustedes han pasado por una situación similar o le ha ocurrido a alguien cercano; si es así, recomiendo la lectura de la ‘Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja’, la cual te dará las herramientas necesarias para fortalecer su vínculo afectivo y crecer en la relación, sin sufrir ni hacer sufrir.


“Si antes de actuar el individuo predispuesto a crear enredos afectivos pensara en un momento en los alcances de su determinación, habría más determinación”.