Con el amor no basta

Redacción Editorial Phrònesis

No nos digamos mentiras, cuando elegimos a una pareja dejamos que sea el corazón quien decida, no le damos participación a la razón e ignoramos ciertos aspectos que resultan de vital importancia para la convivencia. La euforia del momento nos distrae de ese “lado oscuro” que podríamos encontrar en la otra persona y nos empuja a pensar en el amor como una herramienta todopoderosa que permitirá solventar cualquier incompatibilidad de caracteres. 

Invocamos al amor para cometer cualquier cantidad de idioteces en su nombre: nos engañamos, insistimos en prolongar relaciones donde no hay reciprocidad emocional, aguantamos maltratos, abandonamos nuestros sueños, matamos nuestras vocaciones, sacrificamos libertades y pisoteamos los valores que tanto tiempo nos costó construir. Palabras más, palabras menos: idealizamos tanto a este sentimiento que nos volvemos ciegos y terminamos caminando directo al acantilado.

Evidentemente, cuando estamos viviendo en pareja el sentimiento no lo suple todo.“Con el amor no basta”, dicen los expertos: ¡qué gran verdad! Elegir una pareja debería implicar más a la razón y menos a los juicios viscerales: “Te deseo, me siento bien a tu lado, pero aún no sé si le vienes bien a mi vida, así mi cuerpo y mi ser me impulsen desordenadamente hacia ti”. Aunque los fanáticos del enamoramiento se enfaden, debo decir que el amor,  para quienes nos movemos en un plano terrenal y no hemos trascendido, no suele ser tan incondicional (la cantidad de desertores en el tema crece y crece día a día), tampoco mueve montañas, al contrario, te aplastará si te distraes y pierdes el control sobre él.

 Si estás en ese momento coyuntural donde vas a decidir si arriesgarte ciegamente, amarra el entusiasmo a un árbol por un rato (es posible bajar la hipomanía o el enamoramiento por unos instantes, si uno realmente quiere hacerlo) y conéctate a un sistema de procesamiento más controlado (no se trata de negarse a amar, sino de intentar un relax voluntario). 

Tan pronto hayas descendido de entre las estrellas, empieza a ponderar ventajas y desventajas, pros y contras, tus expectativas más entrañables; déjale un momento las decisiones a la mitad superior de tu cuerpo, no a la mitad que va desde la cintura hacia abajo. Intenta hacerlo como un ejercicio, una tarea disciplinada: quédate en la realidad concreta tratando de ver las cosas como son.

Esta práctica de conectarte y desconectarte con la emoción hará que desarrolles una nueva habilidad para el futuro si la repites con insistencia: serás capaz de integrar razón con emoción y discernir cuándo sobra una o falta la otra.

¿Te gustaría dominar esta habilidad a la hora de elegir a tu pareja? En la   “Guía práctica para no sufrir de amor” Walter Riso  encontrarás diferentes técnicas que te ayudarán a conseguirlo. En ella, existe  un espacio de reflexión para desarrollar estrategias y esquemas afectivos y cognitivos resistentes al “mal de amor”. Nos han vendido la idea de asimilar al amor y al sufrimiento como dos sentimientos inseparables, como un castigo del destino del cual no podemos escapar. Es hora de averiguar cuánta falsedad hay en esta afirmación.  Puedes leer esta guía y a aplicar en tu vida lo que aprenderás desde hoy. ⇩