Cómo saber si el amor que sientes es desinteresado

Redacción Editorial Phrònesis

La mejor prueba para saber qué tan desinteresado es tu amor por alguien es el nivel de perdón que estás dispuesto a ejercer sobre esa persona, más allá de cualquier obligación religiosa. Si bien es cierto que perdonar ayuda a un armonioso desarrollo psicológico y cognitivo, debes saber que el perdón no sólo es una ofrenda para el infractor, lo cual puede llegar a ser importante desde una perspectiva humanista, sino es un regalo que te haces a tí mismo, en tanto dejas de sufrir.

En el siguiente fragmento del documento “Los caminos del perdón”Walter Riso muestra una de las formas en las que actúa el perdón según el nivel de desinterés en el amor que hay de por medio.

Los caminos del perdón – Walter Riso

El camino del amor

El amor agápico, desinteresado, no requiere del perdón para subsanar las heridas psicológicas, porque no alberga rencor. ¿Qué no le perdonarías a un hijo? Más bien, con ellos ocurre al revés: el esfuerzo se concentra en no quitarles el castigo antes de tiempo, en ejecutar la norma porque la sanción nos duele más a nosotros. El amor es el antídoto principal contra el rencor y el odio.

Sin embargo, cabe la pregunta: ¿es posible amar al enemigo? He visto casos en que pese a lo terrible de la afrenta, el amor obra como una mampara antirrencor: nada qué procesar, nada qué analizar, sólo el amor que incluye el perdón; dolor sin rencor.

¿Cómo desearle el mal a un hijo que nos roba? ¿Cómo buscar venganza hacia la persona amada? Por desgracia no podemos producir amor a voluntad, ni en la terapia ni en ningún lado. Recuerdo el caso de una mujer de casi setenta años que vivía con un hijo adicto a la cocaína que la maltrataba y le quitaba a la fuerza el poco dinero que tenía. Pese a los intentos míos y de una colega, no pudimos hacer que ella lo enfrentara y defendiera sus derechos. No había límites, no existía rabia ni indignación en ella, sólo dolor por verlo sufrir. El autosacrificio era tal que en una cita me dijo: “Vea, doctor, ya no pierda el tiempo conmigo… Mi depresión va a seguir de todas maneras… Si usted espera que enfrente a mi hijo, lo eche a la calle o lo denuncie, el loco es usted. Si pudiera dar la vida por él lo haría… Yo no necesito perdonarlo, ya está perdonado de antemano…”.

El amor tiene el don de brindar un perdón anticipado y generalizado. Nunca volví a ver a mi paciente y, aunque la teoría me indicaba que la asertividad era la mejor opción, nunca supe si alabar su conducta o censurarla.

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