Buscar afuera lo que no se tiene en casa

Redacción Editorial Phrònesis.

Muchas personas creen que su relación de pareja marcha sobre ruedas porque no ven nada grave o extremadamente preocupante. Sin embargo, no todas las dolencias afectivas requieren de Policía, Comisaría de Familia o abogados; muchas alteraciones van socavando la relación en silencio y pasan totalmente inadvertidas para los implicados. Lo que hoy es insignificante, mañana puede transformarse en una complicación de dimensiones insospechadas. 

¿Por tu cabeza han pasado afirmaciones como las siguientes?: “Somo un buen matrimonio… con los disgustos normales, pero nos queremos mucho”, “después de todo él es un buen hombre”, “en ocasiones me siento un poco acosado, pero ya aprendí a manejar las cosas”, “nuestra relación es muy buena, le falta un poco de picante y diversión, pero tenemos otras cosas importantes”, “es un poco simple… yo creo que es cuestión de educación”

Sin caer en el extremo del perfeccionismo y la búsqueda irracional de la compatibilidad total, hay ciertos desajustes a los cuales es mejor darles mantenimiento preventivo (o correctivo). En las afirmaciones señaladas anteriormente el “poco” no debe pasar inadvertido, sería como decir, guardadas proporciones, ‘tengo un poco de cáncer’. 

Cuando evaluamos las necesidades de nuestra pareja partiendo exclusivamente de las propias, la probabilidad de error es alta. Lo que para uno es secundario y desechable, para el otro puede ser fundamental. Esta incapacidad de ‘ponernos en los zapatos del otro’ hace que los pequeños déficits crezcan.

Si el descuido lleva a que la disfunción avance, el virus de la impaciencia comienza a molestar. Es cuando la resignación se transforma en curiosidad y salimos a buscar afuera lo que no hallamos dentro. Y es entonces cuando aparece la opción de ‘el/la amante’.

Los invito a reflexionar luego de leer esta historia:

“Ella era consentida; no resabiada, vacía o inmadura, sino mimada. Llevaba siete años con la persona que amaba: cuatro de novia y tres de casada. Durante ese tiempo había aprendido a conocerlo y sabía que a su lado tenía un gran hombre, aunque con un defecto: le costaba expresar sus sentimientos. Y no me refiero a la actividad sexual, sino a la sencilla forma de afecto, abrazos, caricias, cosquillas y cosas por ese estilo.

No escribía cartas de amor, ni tarjetas, ni colocaba mensajes por Internet; tampoco enviaba flores, bombones o sorpresas. Ella había intentado ayudarlo sin mucho éxito y rápidamente se acopló a la ausencia de demostraciones de cariño. Él siempre se había negado a dormir abrazado a ella. Los días del amor y la amistad, de la mujer, de la madre, los aniversarios y hasta algunos cumpleaños, pasaban totalmente inadvertidos. Ella ya no los recordaba, ¿para qué?

Fue exactamente ahí, en ese espacio despejado de amor, donde un compañero de trabajo logró sembrar la semilla de la inquietud. Un caballero a morir, experto en galanteo, detallista y admirador de la belleza femenina, había emprendido el reto de conquistarla. Y fue así como entre piropo y piropo, la caricia se manifestó y el sexo no se hizo esperar. El galán había detectado los puntos débiles y las zonas carentes de ternura.

No se enamoró del intruso, pero se aficionó a él, lo cual es peor porque se pierde la esperanza de que el enamoramiento se acabe. Una relación clandestina de ese tipo puede durar siglos y suele cumplir con la curiosa función de mantener a flote los malos matrimonios; muchos amantes, sin saberlo, terminan siendo el sostén de la relación que precisamente quieren que se acabe.

Con el amigo, ella llenó el vacío y se tranquilizó. El marido dejó de sentirse acosado y la relación entró en un período de calma. El amor había empezado su cuenta regresiva…”

El anterior caso nos muestra cómo la infidelidad aparece como un distractor, una forma de dilatar y esconder el problema que posiblemente hubiera podido tener soluciones más adaptativas y menos traumáticas. Ninguno buscó ayuda profesional a tiempo y nunca plantearon la separación como una alternativa válida. Subestimaron la propia insatisfacción y creyeron que podían vivir con la carencia a cuestas.


¿Por qué tantos dicen equivocarse al elegir esposa o esposo? ¿Por qué si tenemos un problema de pareja no lo enfrentamos?, ¿Estamos preparados para el fracaso y las dificultades matrimoniales? Te invito a encontrar estas y otras respuestas en mi ‘Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja’.