Antídoto para un amor venenoso

Redacción Editorial Phrònesis.

Las relaciones amorosas tienen como principal objetivo establecer uniones que proporcionen placer y dicha en pareja. Sin embargo, con el paso del tiempo y el efecto de diferentes factores dentro de estos vínculos afectivos hacen que uno o ambos miembros de la pareja experimenten sufrimiento al tratar de sostener forzosamente esta unión, provocando insatisfacción e infelicidad.Puede que hayan sensaciones de bienestar, pero suelen ser efímeras y reducirse en cantidad gradualmente. En la comunicación interna se vuelve frecuente la evasión de temas sensibles, pues, si se tratan, el riesgo de causar dolor o de ruptura en la relación aumenta de manera alarmante. Estos momentos vienen acompañados de un cambio abrupto en el comportamiento de la pareja: aumentan los comentarios hirientes, hay una búsqueda frenética por entristecer al otro mediante el uso de sarcasmo, culpas y burlas como mecanismos para destrozar la autoestima. Ahí es cuando el amor se vuelve venenoso.

¿Por qué terminas expuesto a un amor venenoso?

Existen diferentes razones por las cuales un amor venenoso te ataca. La más común es la autoestima débil o baja. También suele suceder por experimentar ínfulas de “salvador”: tienes la convicción de poder cambiar a la otra persona al punto de transformarse en otra clase de ser humano gracias a tu ayuda. Existe el extremo opuesto: asumir el rol de víctima.  Piensas que nadie te querrá, aceptará o pasará su tiempo contigo si no es esa persona, quien se “digna” a darte un momento de su tiempo.

Otra razón muy común es sentir la urgencia o la necesidad de dar cariño: esto alude a sí mismo, ya que la causa seguramente es la propia carencia de cariño. Así, el resultado es, en la mayoría de los casos, tolerar cualquier cosa trivial como una muestra de cariño mínima, lo que encubre simultáneamente otras cuestiones como el abuso, el maltrato o la falta de respeto.

La soledad genera miedo en muchas personas, lo que las empuja a buscar compañía a cualquier precio y soportar cualquier cosa con tal de no estar solos, así su integridad se vea afectada.

El aburrimiento es otra causa que te expone a los amores venenosos; por el deseo de buscar sensaciones nuevas se cae en una ceguera selectiva, donde solo ves la faceta divertida o agradable en la personalidad de quien te atrae, ante tus ojos no es evidente ninguna otra parte de su personalidad (por lo general es el lado oscuro).

¿Cuál es el antídoto?

Lo primero que debes hacer es identificar que estás dentro de una relación amorosa ponzoñosa. Si no puedes desarrollar tu crecimiento personal en la relación es una clara señal de que el veneno ya te está haciendo efecto. Una relación sana permite el flujo natural del crecimiento personal; no debes sacrificarlo para que este tipo de amor triunfe.

Debes eliminar la culpa de tu relación, quien “inyecta” el veneno intentará cargar en ti todo lo malo que les sucede, buscará achacar en ti sus enojos y problemas haciéndote gastar mucha energía en defenderte y en buscar comprensión. Mantener la mente clara, objetiva y con confianza en ti misma/o contrarrestará el efecto de la “toxina”.

No trates de justificar el comportamiento de tu pareja o el veneno aumentará su poder.  Este tipo de relaciones están llenas de negatividad, manipulación y artimañas para ocultar lo que realmente sucede, por eso, debes llenarte de positivismo realista, sensatez y asertividad.  Apóyate en tus familiares y amigos de confianza, así evitarás las consecuencias de los abusos emocionales que la otra persona inflige a través de críticas, insultos y humillaciones.

Debes actuar inmediatamente, pues el veneno se esparce con rapidez y puede llegar a afectarte seriamente. Ten en claro que no existen límites para los amores tóxicos. Desenmascara a quien trate de darte una “mordida ponzoñosa” en la intimidad para luego guardar las apariencias en el exterior, fortalece tu autoestima al punto de inmunizarla ante los intentos por destruirla. El mejor antídoto es el respeto, el amor a uno mismo y la capacidad de defenderlos y hacerlos valer siempre.

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Redacción Editorial Phrònesis