Amor… ¿razón o corazón?

Redacción Editorial Phrònesis

Es un hecho, la mayoría de los seres humanos elegimos pareja exclusivamente con el corazón y no consideramos de manera racional otros aspectos fundamentales para la convivencia diaria. Los enamorados que conocen o intuyen el lado oscuro del otro se animan a sí mismos diciendo que el amor los ayudará a salir victoriosos.

Decimos y hacemos muchas estupideces en nombre del amor: nos dejamos estafar, persistimos en relaciones donde el otro no nos ama, soportamos el maltrato, renunciamos a la vocación, matamos y nos suicidamos, sacrificamos nuestra libertad, negamos nuestros  valores, en fin, el tan alabado amor muchas veces se nos escapa de las manos y nos conduce a un callejón sin salida.

Es evidente que en una vida de relación el sentimiento no lo suple todo. “Con el amor no basta”, dicen los expertos y tienen razón. Deberíamos elegir pareja de una manera más “razonada” y menos visceral: “Te deseo, me agradan muchas de tus cosas, pero todavía no sé si le vienes bien a mi vida, así mi cuerpo y mi ser me impulsen desordenadamente hacia ti”. Lo siento por los fanáticos del enamoramiento, pero el amor,  para los que nos movemos en un plano terrenal y no hemos trascendido, no suele ser tan incondicional (el número de desertores en el tema es cada día mayor), ni mueve montañas: más bien te aplasta si te descuidas y no los sabes manejar.

Antes de arriesgarte ciegamente, pon el entusiasmo entre paréntesis por un rato (es posible bajar la hipomanía o el enamoramiento por unos instantes, si uno realmente quiere hacerlo) y conéctate a un sistema de procesamiento más controlado (no me refiero a que dejes de amar, sino a que intentes un relax voluntario). Una vez hayas descendido de la estratósfera, empieza a considerar ventajas y desventajas, pros y contras, y tus expectativas más entrañables; trata de pensar de la cintura hacia arriba y no de la cintura para abajo. Hazlo como un ejercicio, una disciplina: quédate en la realidad concreta tratando de ver las cosas como son.

Si repites esta práctica de conectarte y desconectarte con la emoción, irás forjando una nueva habilidad que te servirá en el futuro: serás capaz de integrar razón y emoción y discernir cuándo sobra una o falta la otra.

¿Quieres obtener más recomendaciones sobre estos temas? La lectura de ‘Guía práctica para no sufrir de amor’, tiene por objetivo crear un espacio de reflexión para desarrollar estrategias y esquemas afectivos y cognitivos resistentes al “mal de amor”. Nos han vendido la idea de que amar es sufrir, que ambas emociones son inseparables y que, como un castigo del destino, no podemos escapar a ello. Nada más falso.