A quién amas, ¿a la pareja real? o ¿a la imaginada?

Redacción Editorial Phrònesis

Es una pregunta ineludible si quieres mantener en pie tu relación.Posiblemente te genere algo de temor interrogarte sobre qué tanto le has “agregado” o “quitado” a la persona que amas. El primer paso para saber con quién estás realmente es asumir que podrías haberte equivocado con la elección que hiciste; sin embargo, para tu consuelo, muchas personas que deciden ver a la persona que aman tal como es, sin sesgos ni maquillajes, descubren que lo “no idealizado” es mejor y más gratificante que el personaje “inventado”.

Empecemos por lo elemental y hasta obvio: tu pareja no es perfecta.Bienvenido al mundo de los normales. Y como tu ser amado no es cuerpo glorioso, tendrás que vértelas con su lado bueno y su lado malo. Esto te llevará a sacar nuevas conclusiones sobre lo aguantable y lo inaguantable, si las virtudes pesan más que los defectos o a la inversa y cómo te las arreglas con lo malo. Esa es la mala noticia para los idealizadores: si solamente amas una porción del otro, no podrás construir una relación estable. Puede que no te agraden algunas cosas, pero debe haber una aceptación de su esencia, de su valía personal, más allá de los déficits.

Entonces, para saber a quién amas, debes conocer a fondo a tu pareja. En mi experiencia como terapeuta me ha sorprendido ver la ignorancia que algunas personas tienen acerca de sus parejas y la sorpresa que manifiestan cuando se enteran de algunos detalles desconocidos de ellas.

Veamos a continuación uno de los ejemplos que encontrarás en la “Guía práctica para no sufrir de amor” y que deja claro que muchas veces no tenemos el suficiente contacto y, aunque vivimos bajo el mismo techo, no lo hacemos íntimamente: si no conoces a tu pareja, probablemente ella tampoco te conozca:


Le digo al esposo: “A su mujer le encantan las fantasías sexuales. Una de sus preferidas sería hacer un trío con usted y otra mujer”. El hombre se queda boquiabierto y me dice: “No puedo creerlo, pensé que era una mojigata… ¡Dios mío, tiene mi misma fantasía!”. ¿Cómo no imaginar el encuentro, ese día, cuando cada quien diga la verdad y destapen sus cartas sexuales? Esto no significa que se aboquen desesperada y compulsivamente a buscar “encuentros cercanos del tercer tipo”. El erotismo fantasioso es para degustar despacio, de común acuerdo y sin presiones, ya sea real o imaginariamente. Es jugar juntos, descubrirse y divertirse. Entre ellos se abrió una puerta que había estado cerrada por años.


Si quieres reforzar este tema y encontrar las herramientas necesarias para conocer a tu pareja lo puedes hacer en la “Guía práctica para no sufrir de amor”.