A los enamorados de verdad hay que frenarlos, no empujarlos

Redacción Editorial Phrònesis

Hay quienes podrían estar eternamente deshojando margaritas sin obtener una respuesta clara al dilema amoroso más discutido por los enamorados en la historia: “me quiere…no me quiere”. Este milenario conflicto llega a ser tan insoportable como desgastante. Puedes volcar todos tus esfuerzos para acoplarte a una antítesis que te sacude sin cesar, como si un torbellino te enviara del suelo al cielo constantemente: “Sí, pero no…”No, pero sí”. Estar en medio de un amor indefinido, que no es capaz de decidirse puede tardar una eternidad.     

Si has escuchado cosas como: “Cuando estás a mi lado me aburro, me canso, me estreso y cuando te alejas, no puedo vivir sin ti, te extraño y te necesito”, puedes estar viviendo una de tus peores pesadillas. ¿Hay algún modo de manejar semejante corto circuito sin sufrir una descarga eléctrica? Una contradicción de estas magnitudes, que no se expresa con claridad, funciona de la misma manera que las arenas movedizas: cuanto más te esfuerzas por escapar, más atrapada/o terminarás.

Las víctimas del amor fragmentado e indefinido, bajo los efectos de la desesperación, intentan resolver la indecisión del otro investigando las causas, dando razones, cambiando su manera de ser, en fin, haciendo y deshaciendo los tejemanejes sin mucho resultado. Los indecisos afectivos andan por la calle, rondan tu espacio vital y por desgracia es posible que le gustes a más de uno.

Cabe resaltar una importante premisaque debes incorporar a tu mente y que luego operará como un factor de inmunidad: Si alguien duda que te ama, no te ama. Directo y a la cabeza. Que no me vengan con cuentos; a los enamorados de verdad hay que frenarlos y no empujarlos.  

Para dar un ejemplo más claro de la ‘indecisión afectiva’, lee la siguiente anécdota contada por Walter Riso en su “Guía práctica para no sufrir de amor”:

“Alguna vez, una persona me consultó sobre la situación con su pareja. Tenían una relación a distancia, lo que significaba verse cada 10 o 15 días. Esta situación presentaba el escenario perfecto para que el síndrome sobre el que estamos hablando se presentara: cada encuentro terminaba en una guerra campal y  cada despedida en un adiós torturante, repleto de perdones y buenas intenciones.

En una ocasión le pregunté por qué no terminaba de una vez por todas con semejante tortura, y me respondió: ‘Yo sé que lo nuestro no es normal. Cuando estoy con ella no puedo contenerme y le hago la vida imposible.

En esos momentos pienso que necesito alguien mejor y estoy dispuesto a terminar, pero no soy capaz. Al despedirnos me siento muy triste, los pocos momentos agradables que tuvimos pesan mucho. Después nos llamamos veinte veces al día, nos decimos que nos amamos, que no podemos vivir el uno sin el otro y todo es así, como un karma que se repite una y otra vez…’.

Esta persona experimentaba una obsesión con una fantasma que hacía las veces de demonio. Le pregunté de nuevo: ‘¿Por qué no terminas con todo esto  y te das la oportunidad de encontrar a alguien que puedas amar las veinticuatro horas, sin tantas fluctuaciones?’ A esto respondió: ‘Siento que nunca le he dado una oportunidad a la relación’. Mi pregunta: ‘¿No son suficientes cuatro años?’. El hombre siguió diez meses más en este tire y afloje, hasta que conoció una persona en la ciudad dónde vivía, sin embargo, el ‘ni contigo, ni sin ti’, al poco tiempo, volvió a manifestarse”.

No era cuestión de distancia, el problema era su manera distorsionada de amar. Cada vez que se enamoraba, dos esquemas hacían su aparición e interactuaban mutuamente: el miedo al compromiso y el apego sexual. El ‘quiero’ y el ‘no quiero’ oscilaban entre el pánico a establecer una relación estable y el deseo desbordado. En efecto, este comportamiento ocurría desde su inconsciente; hubo una solución, pero tardó varios meses de terapia.

En este momento puedes estar experimentando este tipo de conductas sin siquiera notarlo. Si ves que esto le ocurre a alguno de tus amigos o amigas te resultará obvio identificar un comportamiento de este tipo, es normal ver “la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Historias como esta junto a diferentes estrategias y esquemas afectivos necesarios para enfrentar y resolver este tipo de situaciones, podrás verlos en la “Guía práctica para no sufrir de amor” del psicólogo y escritor Walter Riso. Comienza a explorarla aquí: ⬇